Desde entonces el mal humor humor no me ha abandonado, cualquier explicación que me pida más energía de la normal me recalienta. Si fuera por mi estaría todo el día en modo cerebro plano. Es como si estuviera aterrizando en el planeta parto, es decir una especie de ensimismamiento e introspección en el cual necesito estar sin que nadie me moleste. Hasta el exceso de luz dígase sol o luz artificial me molesta. Lo único que me mantiene conectada al planeta tierra es mi hija Laia, solo me apetece estar con ella, jugar con ella, tocarla, quererla aunque la nena me salió un poco "esquerpa" como buena catalana que és.
A ver como van las cosas las siguientes semanas, solo espero que refresque un poco porque sino no hay cuerpo que aguante.
Foto con mi papá.