miércoles, 17 de enero de 2018

Navidades antes del 2000

De mi familia me gustaba el echo de sentarnos a la mesa y esperar a que estuviéramos todos para comenzar a comer. En las navidades, cuando nos reuníamos junto a mis abuelos, tíos y primos, cada uno se encargaba de hacer algo para que pronto estuviera preparado todo para cenar.

Yo siempre me pedía poner la mesa, adoraba sacar la caja de cubiertos que mi abuela guardaba celosamente en la alacena, para momentos especiales. Las copas de agua, junto a las de champagne, esperaban durante un año en la vitrina de cristal y madera de caoba, eran hermosas, las de champagne tenían un borde en oro y estaban fabricadas en Bohemia. Disfrutaba colocando cada pieza en su lugar, platos de cerámica con borde de plata, cubertería delicada y copas de cristal sobre un mantel largo, ovalado, para trece personas. Todo era bonito y especial, hecho por y para nosotros.

Al sentarnos a la mesa, esperábamos a que todos estuvieramos ocupando su lugar, entonces nos tomábamos de la mano y mirándonos los unos a los otros, agradecíamos lo vivido durante ese año, haciendo una especie de resumen y formulábamos un deseo para el siguiente. Luego nos sentábamos, brindábamos juntos y comenzábamos a comer. Adoraba ese ritual, porque para mí, estaba lleno de respeto hacia los que amaba. Además rebozaba de buenas intenciones, cariño e intimidad.

Nos reíamos juntos, disfrutando de estar reunidos en familia. Echo de menos esos momentos, los echo de menos a todos.

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