Para poder transformar el dolor de la pérdida y darle un sentido transcendental a todo lo que he vivido, me he visto en la necesidad de deshacerme de aquellos valores que no me permitían avanzar en el sufrimiento, por ejemplo: aceptar que la vida no se tratar de ser feliz, sino de conseguir una buena vida alcanzando el bienestar. Y el bienestar es una mezcla de estados de tranquilidad emocional a largo plazo, que conlleva a vivir con estabilidad y coherencia.
Eso no significa que el estado de bienestar esté reñido con las sensaciones de placer y la felicidad. El estado de bienestar emocional puede englobar un conjunto de sensaciones, que permiten poder sentir la vida con todos sus matices. Y me refiero a sentir la vida con todos sus matices, porque la tristeza, la nostalgia, la ira y la insatisfacción también forman parte de la vida, aunque sean sensaciones menos agradables que la del placer o felicidad.
Otro valor del que he tratado de deshacerme es el sentirme bien si consumo bienes o experiencias. En un momento de consumismo exacerbado, donde eres lo que tienes o lo que vives y esto te presiona a querer experimentarlo todo y a querer tener de todo para poder "ser feliz" decidí bajarme del carro, eso no significa que de vez en cuando no tenga ramalazos de necesidad de consumo, pero los interpreto como producto de estados agónicos que luchan por querer sobrevivir dentro de mi, para sentir que pertenezco a esta sociedad. ¿Cómo lo estoy haciendo? pues incorporando el valor de la austeridad como modelo de vida. Y vivir con austeridad significa consumir solo lo necesario y mantenerme alerta a mis modelos antiguos de consumo para ver que los activa (consumo de bienes y de experiencias).
Para lograr ser coherente con mi modelo de austeridad, he incorporado el reciclaje a todo nivel, así puedo obtener cosas que necesito sin necesidad de comprarlo. Por ejemplo, mi casa en Barcelona está amoblada de cosas que he encontrado en la calle y que otras personas han tirado prácticamente nuevas: sofás, sillas, un congelador, una exprimidora de zumos, una licuadora de vaso, una tetera eléctrica, platos, cubiertos, ollas, sartenes, radios, auriculares inalámbricos, zapatillas deportivas, botas para salir, vestidos, sudaderas, cosméticos, aspiradora, incluso comida envasada que tiran supermercados y que están en perfecto estado. Podría seguir enumerando cosas, pero son demasiadas las que puedo obtener sin necesidad de gastar dinero. A veces pienso que la gente está realmente tan desconectada de la vida y del planeta que pueden permitirse el lujo de deshacerse de cosas, simplemente para sustituirlas por otras. Tener este nivel de austeridad y el acceso a tantas cosas, me ha permitido también poder ayudar a muchas personas que durante el confinamiento por la pandemia, la inflación que ha venido después y personas migradas necesitaban comer y vestirse. Experimentar este cambio de valor, me ha reportado tranquilidad.
(ENTRADA EN CONSTRUCCIÓN)

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