martes, 21 de noviembre de 2023

Sobreviviendo en el duelo por suicidio.

El duelo por suicidio es uno de los procesos de integración de la pérdida del ser querido, más difícil al que una persona podrá enfrentarse en su vida. 

Los sentimientos típicos del duelo, se entremezclan con los de trauma y los de estrés postraumático. Es un cóctel emocional tan fuérte que puede llevar al propio doliente a tener pensamientos e ideación suicida. 

Estos pensamientos de suicidio en mi caso no aparecieron al momento de la muerte de mi madre, creo que se debió a que el primer año estaba en modo supervivencia, buscando reconstruirme y tener fuérzas para continuar. 

A los tres meses de la muerte de mi madre, estaba soltera, en esos primeros meses no podía gestionar las emociones propias del enamoramiento, ya que la incertidumbre podía producirme desbordamiento y dolor. Y al cuarto més, comencé a salir con mi actual pareja. Ese vínculo se fué construyendo durante el 2017 hasta el 2019, cuando comenzamos a vivir juntos como pareja. Ahí comenzó para mi el verdadero vínculo de apego y pienso que cada vez que había una amenaza de ruptura del vínculo, mi cerebro entraba en modo pánico y todo mi sistema nervioso estallaba por los aires

2020-2021

Mis pensamientos de querer acabar con mi propia vida siempre tuvieron el mismo detonante: discusiones fuertes con mi pareja que le llevaban a decirme que dejaría la relación. En ese momento, se me hiperactivaba mi herida del abandono y sentía que nadie en el mundo me querría como yo era y debajo de ese pensamiento había un sentimiento de abandono que se me hacía insoportable. Pensaba que si mi madre había sido capaz de suicidarse al día siguiente de mi cumpleaños, era porque realmente yo no valía el amor de nadie.

Quiero aclarar que un detonante, no es la causa por la que una persona quiere acabar con su vida. Me explico, en una explosión un detonante es la chispa o fuego que termina de provocar esa explosión. Pero para que eso ocurra es necesario que haya previamente un terreno abonado por ejemplo, que haya un escape de gas que durante el tiempo y com el volumen de gas adecuado para cargar la habitación, haciéndolo peligroso. De no haber la fuga de gas, por más fuego y chispa nada saltaría por los aires. 

La discusión con mi vínculo de apego disparaba en mi  sentimientos de desespero, abandono, tristeza, falta de valía, sensación de poder obtener amor por parte de nadie. Todo esto lo sentía bajo un secuestro emocional, es decir todo lo vivía desde allí. Por ejemplo, si mi pareja me decía que si yo seguía actuando de una manera muy reactiva, él no iba a poder seguir conmigo, yo pensaba: estoy tan rota y tan dañada, que no soy merecedora de amor. Me entraba un impulso voraz de querer acabar con todo y mientras lloraba, calculaba la distancia de la ventana del piso donde vivía, a la calle y pensaba: no hay suficiente altura, si me tiro, seguro que sobreviviré y entonces será peor para mi. 

Así que me quedaba llorando en el sofá desconsolada, como una niña abandonada en un horfanato. Sumida en ese mar de lágrimas fruto de la crisis de pareja, pensaba: yo no estoy llorando por esta pelea, lo estoy haciendo por las lágrimas que aún necesito derramar por mi mamá. Dentro de mi había una voz sabia que era capaz de identificar que era lo que realmente me estaba pasando, lo que me llevaba a aceptar que lo mejor para mi era quedarme ahí llorando la pena, para poder aliviar mi dolor. 

Durante 9 meses bajo prescripción médica tomé Lorazepam, esta medicación solo me hizo efecto el segundo y tercer més. Luego la ansiedad despuntó nuevamente con mucha potencia y los pensamientos de morir, estaban ahí presentes más que antes. Estoy casi segura que la medicación, en mi caso, aumentó los pensamientos de muerte.

2021- 2022

Mi psicóloga de duelo y trauma, me sugirió quitar la medicación, para poder iniciar el tratamiento psicológico. Cada 15 días fuí a terapia, a llorar como una desconsolada, en un lugar donde se validaban mis emociones y me sentía segura. Ahí fué donde comenzó la verdadera recuperación y los pensamientos de morir comenzaron a espaciarse. 

Nunca intenté quitarme la vida, en mi caso solo eran pensamientos y ganas de hacerlo. Quería morir sin más. 

2023

 Ahora veo, que todo aquel sufrimiento era producto del duelo y del dolor de haber perdido por suicidio a mi madre. Un trauma muy bestia, del que me he recuperado gracias a la paciencia y al aguante de mi pareja, a la psicologa experta en trauma y duelo y a la mágia de la biodanza. Y por supuesto gracias a mi, a mis ganas de recuperarme y querer dar una nueva significación a todo lo ocurrido. 

El duelo por suicidio es un duelo que requiere de una atención especial que no tienen los dolientes y que necesita de recursos económicos para poder atenderse. 

Aporto por aquí evidencia científica:

https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/07481187.2020.1866241

"La estabilización es la fase más crítica desde el punto de vista de la seguridad y el bienestar. Implica la necesidad del más alto nivel de atención al trabajar con los deudos. Para muchos sobrevivientes de una pérdida por suicidio, los factores de riesgo de suicidio están presentes, son numerosos y graves. Las personas que han perdido a alguien por suicidio tienen un mayor riesgo de intentar suicidarse y morir ellas mismas (Pitman et al.,Citación2016 ). Los profesionales, cuidadores, proveedores y otros apoyos familiares deben estar muy comprometidos con los sobrevivientes durante este período y extremadamente atentos a las cuestiones de seguridad."


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