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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Ella, la mujer de mi vida decide morir

Ella no quería ir al hospital, no quería saber los resultados de todos esos exámenes que habíamos estado haciendo durante los siete meses previos.  Tenía pánico a tener una enfermedad grave. Una tarde al salir del hospital, después de una de esas pruebas donde le miraban la paratiroides, el meningioma que tenia en el cerebro detrás del ojo izquierdo o que se yo que más, me dijo, en una situación forzada, mas por mis nervios que por los de ella, que tenía miedo de que le pasara algo malo. Sentí alivio, cuando manifestó en ese atisbo de lucidez, lo que sentía. Hoy he despertado y al hacerlo percibí que va a ser un día difícil para mi: vuelvo a sentir esa sensación de shock y de tragedia, mezclada con interrogantes y desesperanza ante esa vida que se me escapó de las manos, a través de una ventana. Justo ese día, en el que ella decidió suicidarse, ibamos a buscar los resultados en el hospital. Ella no quería saberlo, tenía miedo, sintió un pánico mas fuerte del que su mente y su cuerpo p…

Mi soledad y yo

Hoy en Barcelona, ya de regreso a Madrid.  He venido porque echaba mucho de menos a mi hermana y a mi abuelo, quien luego de la muerte de mi madre, está en la casa de mi hermana. Me he vuelto a quedar sola, pero esta vez con un sentimiento diferente. Antes de que mi madre y mi abuelo se mudaran conmigo, el 30 de mayo del 2015, no sentía este sentimiento de soledad, mas bien me sentía feliz, fuerte e independiente. Me costó bastante adaptarme a vivir con ellos, me sentí invadida y no sabía como lidiar con la enfermedad de mi mamá. Pero con el tiempo aprendí a lidiar con la situación, tomé el toro por los cuernos y decidí enfrentarme a la enfermedad y a mi nueva situación familiar. Amaba cada paso que dábamos hacia adelante. Eso me animaba a seguir, sin embargo sabía perfectamente que lo suyo era una enfermedad que de un momento a otro nos aplastaría. Nadie sabia nada, ningún médico me daba respuestas, todo era lento. La solución nunca llegaba....y nunca llegó. Y ahora solo me queda el …

Superviviente de un suicidio III parte

Duele el alma, duele el corazón y me duele ahí en el mero centro del pecho. He prometido cambiar mi visión y empezar a trabajar en la despedida, es la única manera que tengo para poder seguir con la cabeza en su sitio. ''Ella merece estar en paz!", ante mis lágrimas inconsolables, la frase de mi tío resonó dentro de mi cabeza y me sacó del llanto profundo. Sí, por su lucha inagotable ante una enfermedad que se la llevó de nuestro lado hace mucho tiempo, se merece no solo estar en paz, sino ser feliz allí donde esté. Entendí perfectamente lo que dijo mi tío, tanto así que sentí vergüenza de mi misma, por ser egoísta todos estos días y angustiar a mi madre con mi enfado y mis lágrimas. ¿Quien soy yo para cuestionar su decisión de morir?, ¿quien soy yo para tratar de retenerla a mi lado, a toda costa a sabiendas lo mal que la estaba pasando?. He estado todo el día triste, muy triste, pero de un modo diferente. Con el alma rota, pero sin pensamientos que carcomen mi cerebro y…

Superviviente de un suicidio II parte

Eres sobreviviente a una muerte por suicidio y no te queda mas remedio que aceptarlo. Eso es lo primero que te dice la gente: '' ha sido su decisión y hay que respetarla''. A mi que me cuenten como se respeta una decisión de una persona que en un momento de desespero, con la mente nublada por el dolor, la angustia, el miedo y la tristeza no ve otra salida que borrarse del mapa de la vida. Lo siento, pero me cuesta entenderlo y aceptarlo, más aún cuando ahora sé, que una de las consecuencias de las enfermedades mentales es la muerte por suicidio.

Superviviente de un suicidio

El luto es como la gripe, una vez que te enfermas solo tienes que esperar un tiempo para curarte, no hay medicina que te sane, solo antigripales que te ayudan a paliar la situación. Una vez que entras en el tunel del luto, solo puedes dejar que el tiempo se haga cargo de ti, sin embargo a diferencia del resto de lutos, los que somos sobrevivientes de una muerte por suicidio, arrastramos el agravante de no entender absolutamente nada de lo ocurrido. Es como si el cerebro no digiriera, ni procesara la situación. Cada día que pasa, en lugar de sentir menos dolor, siento más. Y sé que va a ser así durante muchos meses, incluso años. Este tunel es de largo recorrido. Mi familia está rota, no solo yo. No es tan solo que la echemos de menos,  es sentir una sensación de tragedia instalada derepente en nuestras vidas, un shock que nos ha dejado derribados. Casi no lloro, solo pienso en poder procesar todo esto. Hablo mucho de lo ocurrido, me niego a que el silencio se instale en mi entorno. Pi…

El suicidio toca mi vida nuevamente.

Aquel hombre de ojos negros penetrantes me miraba fijamente mientras me explicaba los trámites a seguir. Yo solo observaba su corbata de rayas grises y amarillas, su traje oscuro y en su cabello perfectamente peinado. Respiré para tranquilizarme y así poder tomar la mejor decisión para todos.  Estábamos sentados frente a frente en la mesa pequeña de mi casa, donde mi madre nunca quiso sentarse a comer, ella prefería comer como los pajaritos: poquito, de pie en la cocina o sentada en el sofá viendo la televisión.
Mi abuelo lloraba desconsoladamente en el sofá del salón, mientras cinco paramedicos monitoreaban su corazón. Respiraba profundo y lloraba, como si en cada bocanada de aire que soltaba se iba el resto de la felicidad que le quedaban en estos años de vida. Esa mañana, llegue al piso corriendo, asustada, pero con la cabeza fría. La llamada de mi tío diciendome: ''tienes que venirte ya, le ha pasado algo muy malo a tu mamá'', me hizo tomar un taxi para no perder ti…