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Superviviente de un suicidio III parte

Duele el alma, duele el corazón y me duele ahí en el mero centro del pecho. He prometido cambiar mi visión y empezar a trabajar en la despedida, es la única manera que tengo para poder seguir con la cabeza en su sitio.

''Ella merece estar en paz!", ante mis lágrimas inconsolables, la frase de mi tío resonó dentro de mi cabeza y me sacó del llanto profundo. Sí, por su lucha inagotable ante una enfermedad que se la llevó de nuestro lado hace mucho tiempo, se merece no solo estar en paz, sino ser feliz allí donde esté.

Entendí perfectamente lo que dijo mi tío, tanto así que sentí vergüenza de mi misma, por ser egoísta todos estos días y angustiar a mi madre con mi enfado y mis lágrimas. ¿Quien soy yo para cuestionar su decisión de morir?, ¿quien soy yo para tratar de retenerla a mi lado, a toda costa a sabiendas lo mal que la estaba pasando?.

He estado todo el día triste, muy triste, pero de un modo diferente. Con el alma rota, pero sin pensamientos que carcomen mi cerebro y me hacen daño: ¿por qué no lo pude evitar?, ¿que mas hubiese podido hacer?, ¿por que no estuve ahí para detenerla?, ¿por que no percibí sus señales?, ¿por que no le di mas amor para que no decidiera marcharse?, ¿por que me ha abandonado, de la peor manera?, ¿por que no quiso seguir a mi lado?, ¿por que no lo hice mejor?, ¿por que no luche más?.

Preguntas que cada mañana al despertar me hacía, se me atragantaban en el pecho y se me incrustaban en el corazón como puñales: Quiero despertar de esta pesadilla!, me decía a mi misma.

''Se merece estar en paz, déjala ir''....cuanta razón en tan pocas palabras. Ella me amó tanto que me dejó marchar de casa a los 16 años, para ir en búsqueda mi destino. Lloró cuando tomé la decisión de irme a la universidad en Caracas, recuerdo que me dijo: Sé que una vez que salgas de casa, nunca mas volverás. Tuvo razón, nunca más volví a vivir con ella, pero ella sí que volvió a vivir conmigo. Su último año de enfermedad, estuvo a mi lado, luchamos juntas contra algo que no sabíamos que era. Ahora ya no lo sabré y la verdad tampoco tiene sentido, ya no está. 

El primer paso para iniciar el acto de desapego mas grande de mi vida comienza en aceptar que merece estar mejor de lo que estaba aquí. Se merece la paz, se merece estar tranquila sin las tribulaciones de una mente en proceso de deterioro.

La echo de menos.

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