lunes, 10 de julio de 2023

Una historia de inmigración gallega, narrada desde el retorno. Mis mujeres gallegas.


Querida bisabuela Elvira (abuelita), amada MAMI, os miro en esta foto y siento una punzada de dolor en el centro del pecho, estábais celebrando el día de reyes, era 6 de enero de 1957. Tan solo 8 meses después, el 13 de septiembre de 1957, Mami junto con mi mamá y mi tía Chus, llegaban al Puerto de La Guaira, Venezuela (la fecha 13 de septiembre de 1957, aparece en el pasaporte de mi tía Chus, como fecha de entrada a Venezuela). 

Me pongo en tu piel abuelita, en un ejercicio de empatía y sinceramente, no puedo sentir alegría por más que lo intente. Porque sentir que tu hija y tus nietas se van de tu lado para siempre, debe ser realmente desgarrador. Te veo aferrándote a tu nieta Bego, pequeñita, envuelta en una manta gruesa de invierno, ella mirando la cara de su madre, mi abuela. Tú miras a la foto sin sonreir, a pesar que debía de ser un día de celebración. Mi tía Chus, en un acto de rebeldía se tapa la cara para no salir en la foto, seguramente estaba harta de que le hicieran fotos para enviárselas a papi, quien para ese entonces ya vivía en Venezuela. Un hermoso árbol de navidad os acompaña, me imagino a toda las mujeres de la casa adornándolo, la tía Gely, la tía Loli, mi abuela y tú. Quizás ese es el motivo por el cual a mami le encantaba la Navidad y se esmeraba en adornar su casa en Venezuela, cuando llegaban las fechas de celebración. 

Mami, qué lástima que nunca te pregunté cómo viviste el hecho de ser madre lejos de tu familia, dejar tu tierra y partir a Venezuela. Me imagino que habrás sentido alegría, curiosidad, pero también enfado y tristeza. Criar a unas hijas, en una tierra desconocida y sin una mamá que te ayudara en los momentos difíciles, ha tenido que ser todo un reto para tí. 

El otro día leyendo la partida de nacimiento de mi mamá, me di cuenta que Papi (mi abuelo) ya no vivía en Vigo cuando mi mamá nació, él ya estaba en Venezuela para ese entonces. Fué mi abuelo Albino, quien se encargó de presentarla en el registro civil.

Mami te cuento que, el año pasado cuando fui a Vigo, buscando reconstruir la historia del nacimiento de mi mamá, mi tía Gely (la hermana de mi abuela, que aún vive y que es doce años menor que mi abuela) me contó que el día que te pusiste de parto, ella estaba contigo y tuvo que ayudarte a parir. Tú le dabas las directrices de lo que tenía que hacer, le gritabas y ella estaba nerviosa por que la partera no llegaba. Tuvo que salir corriendo a buscarla, hasta que entre todas te ayudaron a parir a mi mamá. Me pregunto cómo habrá sido parir sin tener a mi abuelo ahí pendiente de ti. Cómo vivirían bisabuelos tenerte en casa embarazada,  con una niña pequeña y que su marido estuviera "haciendo las américas"? Sentirían fé por que su hija viviría un futuro mejor? Estarían enfadados porque os marchabais? Qué lástima no tenerte ahora para preguntarte todas estas cosas! 

Pienso que lo vivido por ti en el año 1956, era lo que vivían muchas familias gallegas, que emprendieron el camino de la inmigración, buscando un futuro mejor, lejos de una tierra dominada por una dictadura fascista, saliendo de un bloqueo económico internacional, impuesto por el eje aliado vencedor de la segunda guerra mundial y recuperándose de una guerra civil, que había dejado a Galicia sumida en una postguerra hambrienta, a pesar de no haber sufrido duras batallas como pasó en otros territorios. 

Por más que las noticias del régimen de Franco nos hicieran pensar que esa Galicia era prospera, la verdad no verbalizada por el miedo impuesto es que fue una tierra de represión, desmembramiento de la sociedad rural y pesquera, prohibición del gallego más allá del hogar y de buques cargados de personas que abandonaban sus familias, procurando encontrar una nueva vida llena de prosperidad, en otro continente. 

Siento la rabia de la Abuelita al saber que te marchabas con sus nietas a otro país, a otro continente, quizás eso agrió su carácter, sumado a todo lo que se vivía socialmente en aquella época. Por más que volvieras a visitarla, ya no te tendría viviendo en su casa, ni en la casa del lado, ni tan solo en la misma ciudad, ni en el mismo continente. Quiero imaginarme que tú también sentías ese desgarro, porque la inmigración se vive como un desgarro que te arranca de lo que tú eres, en aras de buscar un nuevo Ser. 

Mami, estas letras no son para imaginarte feliz, que ya sé que lo eras, más bien son para adentrarme en la hija que se marchó lejos de su tierra y de su familia. Quiero poder entender ese dolor y las consecuencias que eso tuvo en ti: ¿qué hacías para evitar sentir esa tristeza profunda? ¿esos nervios que te venían siempre, junto a los mareos era producto de un duelo no resuelto? ¿Cómo podías estar presente cuidando a tus hijas e hijos, cuando tenías ese dolor ahí latente sin poder darle salida?  Qué hacías cuando extrañabas tu tierra y a tu familia? 

Mi propio proceso migratorio, me conecta con tu proceso migratorio y es ahora cuando apenas puedo llegar a entenderlo. Probablemente nunca me hubieras podido contestar estas preguntas que me hago, porque son tan dolorosas que a veces es mejor mirar para otro lado y evitar contactar, aunque ese dolor siempre termina reventándonos en la cara, en algún momento de la vida.  Hoy quiero honrar tu dolor, que es mi dolor y el dolor de todas las mujeres de mi familia, quienes hoy compartimos, al igual que tú en aquel entonces, un desarraigo migratorio. Los ciclos se repiten. 

Abuelita, honro tu desgarro, tu carácter agrio, tu desprecio, porque sé que era la manera de no vincularte con el dolor que te producía no tener a tu familia cerca. La rabia es una emoción que nos protege de sentir la tristeza. Porque siempre es más fácil sentir rabia, aunque se nos agrie el carácter, que transitar la tristeza y salir de ella ilesos. La rabia, protege nuestra sensibilidad como una armadura que nos desconecta del dolor, aunque el precio a pagar sea muy alto. 

Mamá, tía Chus, hijas de la inmigración gallega, a veces siento rabia porque si Franco no hubiera dado un golpe de estado contra la República, no hubiera habido una guerra civil, con una posterior dictadura fascista y una postguerra tan bestia que os empujó a buscar una vida mejor. Si hubierais nacido en otro momento histórico, tal vez, solo tal vez, nuestra historia familiar no habría sido vivida lejos de Galicia. He crecido sin saber la verdad de lo que se vivía en España en el período de 1936 - 1958 como consecuencia  del silencio impuesto por el régimen vencedor y la historia contada por ellos. Durante años solo tuve la visión de mi abuelo, quien me explicaba las ganas que tenía de ser inmigrante, porque miraba el mar y siempre pensaba lo cruzaría. Ahora que entendiendo el contexto histórico de vuestra inmigración, pienso ¿quién quiere ser inmigrante cuando en su tierra todo va bien?.   

Honro vuestras vidas, que son mi vida y me han hecho la persona que hoy soy. Miro vuestro dolor y lo honro en mi corazón. Ahora sé que ese dolor es vuestro y no me pertenece. Me habéis legado toda una sabiduría de inmigración. Con vuestro ejemplo me habéis dado herramientas para salir adelante en un país que es el vuestro, tanto como fué vuestro Venezuela. 

Os amo con locura. 










 

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