Pido una tregua para mi corazón. Una madrugada decidió asomarse para ver como le iba al mundo y dió un paseo, pensando que a la noche le gustaría tenerlo suelto latiendo, probando ser feliz. Cabizbajo regresó a mi, pidiendo refugio, después de haber sentido en su carne el dolor de la vida. Me ha dicho que es mejor que le ceda el testigo a mi alma, porque tal vez ella se entienda mejor con las noches oscuras, sin luna.
domingo, 26 de noviembre de 2017
lunes, 6 de noviembre de 2017
Lo erótico y lo femenino en mi lucha feminista.
"Quiero que te sientes un día frente a mi y que mires como bailo para ti", mi yo erótico pujaba por salir y ser libre para mostrar toda mi femineidad ante sus ojos. "Quiero que me mires con descaro", así trataba de invitarle a participar en mi juego de seducción sana, consensuada entre dos personas que se gustan. Pero él declino la oferta, ante su incapacidad de mirarme con descaro sexual, porque culturalmente en su "mundo de luchas sociales", mirar así a una mujer es considerado "machista" y él pertenece a la generación de hombres nuevos, pero confundidos ante nuestras reivindicaciones feministas.
En cuestión de segundos, fueron a parar al cajón de mi cómoda, la ropa interior sexy que me había comprado pensando en ese momento lúdico. Ni ligueros, ni medias de encaje, ni sujetadores con tiras negras, ni música suave, ni luces a medias, ni olores envolventes, nada de movimientos insinuantes, ni miradas lascivas que jugaran al deseo. Mi yo femenino erótico no tuvo encuentro con su yo masculino "feminista". Me sentí mal, algo perdida la verdad, porque llegué a dudar si era bueno lo que le proponía sobre el uso de mi cuerpo físico para mostrarme sexualmente ante él. Para mi era erotismo, para él "machismo". Así que entré en cortocircuito mental, decidí ponerme mi pijama mas gruesa, meterme en mi cama y dejar de sentir ese impulso erótico que me hacia sentir femenina.
Creo que el feminismo mal enfocado, nos podría llevar a abordar el concepto de lo femenino desde el punto de vista del patriarcado: victimizándonos como mujeres objetos-sexuales. Yo no me siento una mujer objeto cuando deseo que la persona que me gusta, me mire de una forma sexual, en un ambiente consensuado y libre. El erotismo ha sido una conquista femenina, es posterior a la época donde las mujeres solo éramos usadas con fines reproductivos. Nos acostábamos en una cama, cubiertas con una sábana, que tenía una abertura en el medio quedando a la altura de nuestra vagina, por donde el hombre introducía su pene para fertilizarnos. Así era nuestra sexualidad occidental en el siglo pasado. Durante ese tiempo la sexualidad, el gozo y el disfrute nos estaba negado, a nosotras las mujeres. Más cercana a nuestra época, está la sexualidad femenina abordada como fuente de gozo exclusivo y supeditado al sexo masculino. Luego de vivir las diferentes oleadas de libertad sexual, por parte del colectivo femenino, al hombre y a la mujer, socializados dentro de sistema patriarcal, solo les ha quedado utilizar la sexualidad de la mujer libre, como vehiculo de opresión, mediante la descalificación y humillación de aquellas que osan vivir su sexualidad en plenitud. Hasta aquí todo claro, pero ¿qué ocurre entonces entre dos personas libres, que se gustan y que quieren disfrutar de la sexualidad consensuada de una forma rica y plena?, ¿está lo erótico reñido con esa conquista femenina sobre nuestro poder sexual?. Mi respuesta es NO¡.
El erotismo femenino es una conquista feminista en si misma. A través de su ejercicio, nos afianzamos como mujeres y hombres sexualmente sanos, que desarrollan el ejercicio sexual en un espacio creado para que ambas energías se encuentren, se nutran y se transformen en una sexualidad rica y plena. El problema que he sentido yo, es que pocos son los hombres que se han reconciliado con su parte erótica. Un hombre erótico, es un hombre feminista, porque durante el encuentro sexual, busca llenarse de energía femenina. Así mismo, el hombre erótico, abraza su propia feminidad, se deja fluir sexualmente, se muestra sensible, siente, se apasiona, disfruta a su compañera, se disfruta a si mismo dando placer, pero no lo aborda como un reto o como una obligación, sino como algo natural que se da entre dos personas con energías sexuales plenas. El erotismo es dar y recibir, sin la comunión de dos personas libres e iguales, lo erótico no es posible.
Yo necesito de mi erotismo para sentirme emponderada. Anular esa parte de mi, es reducirme a un ser sexual victimizado. La mujer que no "debe" mostrar su belleza, la que no "debe" sentir deseo, la que anula el gustarse a si misma y por ende gustar a los demás, es abordar el feminismo desde el complejo, es seguirle el juego al patriarcado, ya que anulandome a mi misma, por no dar cabida a ese machismo, no me vuelvo poderosa, mas bien me convierto en victima. Mi erotismo forma parte de mi poder femenino, está integrado dentro de mis capacidades personales, es el lugar donde me reconcilio con mis energias femeninas, que buscan una energía masculina para danzar en conjunto; miradas cómplices, sin espacios para sentirnos juzgados, abiertos a fluir con nuestros cuerpos, que se miran, se tocan y se saborean, donde hay consenso y libertad para que ambos sintamos deseo. No hay experiencia mas igualitaria, que tener sexo con un hombre consciente de su ser erótico.
Así mismo, una mujer que es consciente de su poder erótico, de su fuerza vital, de su presencia física, de sus conocimientos, de su sabiduría femenina, de su intelectualidad, es un ser muy poderoso, capaz de vulnerar a todo un sistema patriarcal.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
"Las ruinas son el camino hacia la transformación"
"Siempre tenemos que estar preparados para las continuas olas de transformación"
"Las ruinas son un regalo, son el camino hacia la transformación"
Estas frases, no son mías, pero las uso como mantras para seguir adelante en este proceso de recomponer mi vida. Me hago con ellas, tomándolas como una fuente positiva que me inspira a seguir adelante, gracias Elizabeth Gilbert, por compartirlas a través de tu palabra escrita.
Ya ha pasado un 1 año y 15 días desde el suicidio de mi madre. Al mes de lo ocurrido,una vez que pude identificar que estaba sumida en "estrés postraumatico" por el tipo de situación que viví, busqué ayuda para poder salir del impacto inicial del shock. Debo decir, que todo fue tan rápido y tan violento, que ni siquiera sabia que lo que me estaba pasando tenía un nombre y ese era: estrés postraumatico.
Los meses posteriores al hecho, me encontraba viviendo mi vida como si estuviera en una nebulosa, por ejemplo: me veía a mi misma como si fuera protagonista de una película, como si desde fuera de mi pudiera observarme todo el tiempo. Empecé a sentir que mis sentimientos se entumecían, nada me dolía, empecé a sentir que mi empatía fallaba. No entendía porqué habiendo pasado una situación tan fuerte no podía sentir, con la misma intensidad que sentía a los pocos días de lo ocurrido. Dejé de llorar y ahí fue cuando identifiqué que me había encapsulado y que debía de hacer algo para sacar de mi, el dolor incrustado. De no sacarlo, las consecuencias de cara al futuro tendrían consecuencias psicológicas y mentales graves para mi.
Empecé a buscar información y me topé con el significado del estres postraumatico, seguidamente busqué una terapia específica que me sacara del shock. Pensé que no estaba preparada aun para exponer todos mis sentimientos en una terapia normal, no quería tener que revolver mis recuerdos recientes una y otra vez, pero si necesitaba que alguien "reprogramara mi cerebro" mediante una técnica menos invasiva en lo emocional. Fue así como llegue al EMDR, con una terapeuta que había trabajado en los sucesos del 11 de septiembre en Nueva York.
Empecé a buscar información y me topé con el significado del estres postraumatico, seguidamente busqué una terapia específica que me sacara del shock. Pensé que no estaba preparada aun para exponer todos mis sentimientos en una terapia normal, no quería tener que revolver mis recuerdos recientes una y otra vez, pero si necesitaba que alguien "reprogramara mi cerebro" mediante una técnica menos invasiva en lo emocional. Fue así como llegue al EMDR, con una terapeuta que había trabajado en los sucesos del 11 de septiembre en Nueva York.
Las terapias me ayudaron, sin embargo mas que la terapia en si misma, el efecto curador comenzó cuando la terapeuta pronunció una frase que me permitió reconectarme conmigo misma y con el mundo: "tal vez tu madre y tú teníais este pacto". Esta frase me la repito mil veces cuando trato de entender el proceso transformador de mi duelo.
Parecería injusto que antes de escoger ser madre e hija, ella y yo hubiésemos pactado someterme a este proceso de dolor para llegar a la transformación. Y para los que me no me entendáis, hablo desde la vivencia del ser humano como espíritu previo a la vida terrenal: "una prueba de Dios", diría un cura o "son designios de Alá", diría un rabino. Su frase me reconectó con la incesante búsqueda de mi ser espiritual, camino que decidí abandonar en Septiembre de 1.999, luego del suicidio de mi tía Briceida, culpé a la vida, a los seres espirituales y a todo el universo, de no haber intervenido proporcionándole luz suficiente para iluminar su momento mas oscuro. Asi que durante los años siguientes dejé de creer en todo lo que tuviera que ver con el lado espiritual de la vida. Me centré en la vida terrenal, me situé en el mundo y me dedique a trabajar, a formar un hogar superficial, a tener dinero y posesiones materiales. En fin, que todo esto me fue bien, pero dentro de mi, muy dentro, esa vida que he llevado no me llenaba como persona. Entonces empecé a desbalancearme. Pasaron muchas cosas, que ahora mismo no voy a escribir, incluso muchos episodios ya están escritos en este blog.
Aquella frase, me devolvió al año 1.999, volviendo a reconectarme con ese lado del mundo no tangible, donde si no fuésemos egoístas pretendiendo otorgar a todo un lado meramente "racional", entenderíamos que los seres humanos venimos a este mundo buscando superarnos individualmente y que para ello nos sometemos a "pruebas" en solitario o en conjunto, que nos permitirán alcanzar el perfeccionamiento como seres espirituales.
Veo mi proceso interno, el proporcionado por el duelo y observo que esto me ha llevado a trabajarme mucho interiormente, me ha permitido nuevamente establecer contacto conmigo misma. Mi mama me ha hecho volver al camino interior. Ella también hizo su camino, y aun aunque no esté, el impacto de su vida sigue haciéndome reflexionar acerca de mi propio camino como mujer.
Ser mujer en este mundo no es tarea fácil, la sensibilidad de nuestras almas, ligadas a la intangibilidad de lo no sensorial no tiene cabida en una sociedad dominada por la racionalidad del patriarcado. Eso fue lo que no entendí cuando mi tía decidió terminar voluntariamente con su vida, al igual que lo hizo mi madre 17 años después, quizás deprimida por el desamor al que la sometió su ex marido, su empeño en adoptar visiones masculinas que la invitaban a desoír sus emociones, somentiendolas a perspectivas racionales, abandonando la posibilidad de sentirse débil ante su dolor. Que daño nos ha hecho esta sociedad patrialcal-racional a todos. Volver a conectarnos con las emociones, con el mundo intangible, con nuestro sexto sentido, darle espacio y cabida a lo que no es explicable por la ciencia occidental, debería ser prioritario para volver a constituirnos como seres íntegros.
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