miércoles, 16 de mayo de 2018

Tiempo de transición

Ya son casi cinco meses desde que me mudé a Barcelona y he de admitir que he venido a tierras catalanas por amor. Sí, el amor es lo único por lo que me he permitido dejar Madrid, aún teniendo un trabajo cómodo y una vida establecida.

A los 43 años iniciar todo un cambio de vida, es una tarea titánica, sobre todo porque supone abandonar el confort que nos da lo ya conocido. Aunque dentro de la misma incomodidad, se encuentra un estado de curiosidad que me moviliza por dentro y que permite adentrarme en un nuevo camino totalmente desconocido, pero a la vez fascinante por el reto que conlleva.

El proceso no está excento de crisis y de dudas. A veces me desespero porque siento miedo si veo mi vida estancada, aunque no es así, porque desde que llegué he llenado mis días de actividades: ahora estoy terminando el segundo curso de lengua catalana y la semana que viene comienzo el próximo, he pillado un trabajo de 20 horas que me permita mantenerme mientras me ubico en la ciudad, he ido 25 dias de viaje a Italia, recorriendo más de 15 lugares en coche. He hecho algún curso de mejora personal en Barcelona Activa. Estoy yendo a un programa de asistencia de supervivientes para familiares en el hospital de Sant Pau. Estuve tres meses en el gym acudiendo casi diariamente. He descubierto las charlas gratuitas, enriquecedoras, que hay por todas partes en esta ciudad, como la que fuimos en la cárcel modelo y que trataba sobre la recuperación de la memoria histórica en España. He hecho rutas sobre el papel de la mujer republicana en la guerra civil española. También he asistido a la más grande manifestación feminista ocurrida en los últimos tiempos en Barcelona. 

Pero siento y no se porque, que aún no he hecho mucho, quizás porque estoy en un periodo transitorio que quizás me llevará mas tiempo del que creo, para poder construir y asentar una nueva forma de llevar mi vida.



jueves, 10 de mayo de 2018

Colectivización y respeto de la vulnerabilidad emocional.

Yo creo, que ellas confiaban en mi fortaleza para superar los retos que la vida siempre me ha presentado, si no, no hubiesen escogido morir a mi lado. He sido egoísta en algunas ocasiones, pensando que mi madre (2016) y mi tía (1999) (la hermana de mi padre y para mi, mi otra madre), no me habían tomado en cuenta cuando ambas murieron por suicidio. Llegué a pensar que incluso, habían sido ellas, las egoístas por no tomar en cuenta mis sentimientos y mi amor por ellas. Ahora, no lo pienso así, hoy en día creo que ellas me conocían profundamente y sabían que yo iba a tener la sabiduría para integrar su decisión de morir.

Mi tía, minutos antes de morir, me llamó por teléfono, pero al no responder a la llamada, me dejó un mensaje en el contestador. También me dejó una carta de 4 páginas donde me explicaba todo los trámites que tenía que hacer: organizar sus cosas, las de sus hijos, las cuentas bancarias, el coche, todo¡. En aquel entonces yo contaba con 24 años, aún me recuerdo actuando con mucha fortaleza ante lo ocurrido. No me quedó otra opción que ser fuerte y coherente, porque sentía que me había encomendado tareas que debían ser resueltas rápidamente. Ella sabía que de toda la familia,  era yo quien podía llevarlas a cabo. 

Sí, me conocían más que nadie, porque compartíamos largas charlas sobre la vida. Me abrí a ellas como solo se puede hacer ante las personas que sientes que te aman. Sé que a pesar de todo, veían en mi una mujer inteligente, capaz de salir adelante siempre. Ya no me cabe duda de eso, eran mujeres muy sabias, solo que soportaron tanto lo insoportable, que se quebraron.

En la vida, soportarlo todo en aras del "Sé fuerte, tú puedes", es la mentira mas grande que nos ha vendido esta sociedad. ¿Podemos ser fuertes? Sí que podemos, pero ante todo hay que reconocer nuestra propia vulnerabilidad ante los acontecimientos de la vida. Y ante esos acontecimientos que nos vulneran, nos merecemos ser soportados, cuidados y protegidos, ya sea por nuestra red de afectos o por una sociedad que entienda lo vulnerable que estamos todos ante este sistema que hemos creado. Donde la soledad creada por la ausencia de soportes emocionales basados en redes personales, nos lleva a dejarnos desprotegidos y a necesitar "Sentirnos Fuertes"como única opción posible. Así nos quebramos, porque llega un momento en la vida donde asumimos de forma individual tareas que deberían ser llevabas a cabo en forma colectiva, por ejemplo: cuidar a los hijos, cuidar a nuestros padres, cuidar a nuestros enfermos, cuidar nuestro hogar, cuidar nuestro entorno. Incluso, laboralmente, las empresas basadas en productividad, priman que un individuo realice tareas que en ocasiones, necesitan de dos o más trabajadores para ser llevadas a cabo.

La sociedad lleva años, destruyendo las bases del tejido social para primar lo individual y así desintegrarnos poco a poco. Un individuo roto, disperso, desintegrado y cansado es manipulable. Muchos individuos rotos, dispersos y cansados, hacen una sociedad desintegrada y por lo tanto manipulable. Solo lo colectivo, a través del apoyo mutuo por medio de redes sociales, junto al desarrollo de estados emocionales, que inviten a la tranquilidad, nos hacen fuertes y nos ayudan a estar despiertos y alertas ante las amenazas constantes de quienes nos pretenden manipular como sociedad. Eso también lo aprendí siendo superviviente de dos mujeres que han muerto por suicidio. Estoy segura, que si ellas, hubiesen tenido un mayor apoyo de parte de la sociedad, ya sea a través de programas adecuados de tratamiento de enfermedades mentales o degenerativas. Si todo nuestro entorno familiar y yo, hubieramos tenido el soporte emocional adecuado para saber llevar y enfrentar estas enfermedades, el desenlace de esta historia en mi vida, sería diferente.

Deseo de todo corazón, que esta sociedad cambie y hago lo posible por que esto ocurra. Todos necesitamos de una sociedad con individuos colectivamente mejor soportados emocionalmente. Necesitamos sanarnos todos a través del apoyo mutuo y la erradicación de la soledad. Hay que exigir a nuestros Estados, que ellos también nos cuiden y nos soporten emocionalmente.

Quiero ser vulnerable, en una sociedad que respete la vulnerabilidad y cuide de las redes de apoyo emocional. No quiero hacerme la fuerte y vivir en un estado de alerta permanente, por el simple echo de estar metida en una sociedad donde si no eres fuerte, te depredan, porque ser vulnerable es sinónimo de debilidad.


viernes, 4 de mayo de 2018

Paleta de colores y emociones

Nací impregnada de nostalgia, como si se tratase de un velo que cubre mi ser mas íntimo, quizás en eso se basa mi sensibilidad y por eso necesito escribir, para tratar de dar salida a esta amalgama de sensaciones y pensamientos que se me agolpan en el pecho y en ocasiones no me dejan avanzar. Así también soy en el sexo, cuando necesito hacerlo y no tengo la posibilidad, la inquietud me invade, el nerviosismo se apodera de mi y necesito dejar que fluya esa energía, drenarla de alguna manera, ya sea haciendo ejercicio físico, masturbándome, bailando o escribiendo.

La energía sexual y la nostalgia, son mis musas. La tristeza en cambio me anula, me roba el sentido de vivir y de experimentar la vida. Cuando me siento triste no escribo, es por ello que llevo un año sin casi hacerlo, a pesar de que ha sido uno de los años que mas crecimiento personal he experimentado, me ha costado mucho narrarlo, porque durante el luto, he vivido mas bien metida dentro de mi.

También soy sinestésica, me sentí feliz la primera vez que leí sobre lo que significaba, porque dejé de sentirme rara al ver que a otras personas le pasaba lo mismo que a mi. Mi sinestesia, está basada en colores, asocio las palabras a los colores, es decir cuando veo las palabras, mi cabeza las colorea, por ejemplo, si me refiero a las vocales: la "A" es de color amarillo, la "E" es azul, la "I" es de color roja, a veces fucsia, la "O" es negra y la "U" es verde. Para mi los nombres tienen colores: Laura, es verde, Carlos es negro mezclado con color crema, Glenn es azul, José es negro y asi sucesivamente. En ocasiones, muy raras, mezclo imágenes con olores, de forma involuntaria, un recuerdo viene a mi memoria y huelo "literalmente" un olor, como quien vaporiza un perfume frente a la nariz. Me parece que ya he escrito sobre esto en otra oportunidad, pero me gusta recordar que me sucede esto.

Creo que dejé que la razón lo invadiera todo en mi, por miedo a mi propia sensibilidad. Siempre asocié ser sensible a ser débil y manipulable y yo quería ser fuerte, para no permitir que nadie me hiciera daño emocionalmente. Ya no quiero ser fuerte, quizás porque la persona que más daño me hizo fue la persona que más ame y que más me amó en el mundo. Después de este golpe ¿qué sentido tiene ser fuerte, racional, contenida?, para mi ninguno. Estoy aprendiendo a dibujar la vida con una paleta hermosa de colores emocionales y me siento mejor sintiendo asi, por lo menos es más interesante y menos árido experimentar la vida a través de las emociones.





Hola mamá

Querida Mamá,  Hace 10 meses y 2 semanas que nació Laia. Quiero que sepas que tienes una nieta preciosa, tiene unos ojos grandotes de un col...