viernes, 24 de abril de 2020

Los días raros


Tiempo de confinamiento, desasosiego e incertidumbre. Sentimientos de duelo colectivo, de solidaridad con el dolor y el sufrimiento del otro. Tristeza, mucha tristeza por el dolor colectivo de aquellos que han perdido a un ser querido, pero también por todo el que en estado de vulnerabilidad social, se encuentra solo y aislado.

El covid19 ha irrumpido en la escena de la cotidianidad para reventarla y romper con todo lo que hasta ahora conocíamos como vida normal. "LA NORMALIDAD DEBE ACABAR" parece que ha venido a decirnos. Si para romper con todo lo que hasta ahora estábamos haciendo mal como sociedad, tenemos que pasar por esto, prefiero que así sea, asumo el sacrificio.

Barcelona, está en silencio. El sonido insoportable de los coches y el turismo de borrachos que invadía las calles, han parado. El aire se puede respirar mejor, con más facilidad. Ha llovido mucho durante cuatro días completos, sin que saliera el sol. Mis cáctus aun no tienen flores, creo que también se han confinado dentro de sus entrañas.

Salgo a trabajar casi todos los días menos el jueves. Cuido de personas vulnerables, con cáncer, a punto de morir o niños hospitalizados. Veo la vulnerabilidad de cerca, la cual se hace mayor gracias al surrealismo de los casi cuarenta días que llevamos en "estado de alerta". Hospitales que atienden solo a personas infectadas por covid19, han desplazado los otros tipos de patologías. Ellos, mis usuarios, no entienden nada, aunque poco a poco se han ido haciendo a la idea, pero las primeras semanas a sido realmente duras para todos, aún más para ellos. Salir de un hospital, después de pasar meses allí por un tratamiento paliativo de cáncer y volver a casa, sin que te pueda visitar tus hijos o tus nietos. Sin poder recibir ese apoyo emocional y soporte de tus hijos, sintiendo miedo porque solo te puedes comunicar por teléfono con el médico cuando llegan las crisis de dolor. Verlos desorientados, pero tirando para adelante. Otros enfrentándose a los últimos momentos de vida de un familiar, con miedo a contagiarlos, saliendo de casa sin saber como pueden volver, como pueden ir a la farmacia, como enfrentarse a la propia muerte de ese familiar, que se está muriendo en un momento donde todo está colapsado. Una recién nacida a la que tengo que ir a cuidar al hospital porque la madre está en la UCI infectada por el virus, mientras el padre tiene que encargarse de sus otros tres hijos pequeños.

Son días raros, muy raros.



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