viernes, 24 de febrero de 2023

Tranformar la pérdida

 La necesidad de transformación de la experiencia de pérdida


Creo que atravesar un proceso de enfermedad donde hemos experimentado la pérdida de la salud corporal, es uno de los procesos transformadores más impactantes que podemos vivir. Hablo de salud corporal, pero nuestra psiquis también se afecta, para mi es importante incluirla, porque el dolor físico nos atraviesa a todos los niveles.  Es por ello que después de haber pasado por la tormenta de la enfermedad y de la pérdida, necesitamos sentir que todo esto ha tenido un propósito en nuestra vida, necesitamos darle un significado trascendente que nos ayude integrar todo lo vivido. Para ello pienso que se necesita un tiempo de integración, así como cuando perdemos un ser querido necesitamos un tiempo para curar el dolor, también necesitamos tiempo y  espacio para elaborar lo que la enfermedad nos ha traído. 


Creo que ante una experiencia tan vital, no podemos seguir el camino por el que transitamos antes. La enfermedad llegó para poner nuestro mundo patas arriba y nos ha pedido que no sigamos el camino que llevábamos.  Para mi, es como querer seguir vistiéndome con un vestido talla 36 cuando estoy en talla 44, pero mi cabeza sigue queriendo estar en 36. Se tarda en aceptar que hemos cambiado de talla y que nos tendremos que deshacer de todas las piezas de ropa que tanto nos gustaban antes. 


Tampoco es necesario hacer un cambio radical de armario, si no estamos preparadas para ello, podemos hacerlo poco a poco a nuestro ritmo. Hasta que nuestro ser asimile que ahora no estamos en la talla que pensábamos. Para saber si estaba preparada para un reto que quería afrontar, durante ese proceso de transformación me preguntaba: ¿En qué talla estoy ahora? ¿Esta experiencia nueva que talla es?, por ejemplo: a nivel laboral: Soy gerente de restaurantes, ¿en este momento de mi vida las experiencias que me ofrece este puesto de trabajo, se alinean con mi nuevo sentir, con mis valores adquiridos?. Respuesta: bueno, puede que ahora no me llene para nada, pero necesito el dinero, por ahora y mientras hago el cambio acepto un trabajo con menos responsabilidad dentro de un restaurante y recorto  todos mis gastos para adecuarlos a mi proceso de transformación, así voy viendo como me siento e ideando planes para continuar los cambios.


Una forma de saber si no es nuestro momento aún para afrontar un cambio, es ver si nos produce sufrimiento. Si sufrimos, entonces vamos muy de prisa. A veces creo que el mundo emocional tiene un tiempo muy diferente al mundo real. Para mi, el mundo emocional va más lento, pero llega un momento en que algo hace click y entonces avanzas un montón.


Si a nuestro propio proceso de pérdida por enfermedad, se une un nuevo proceso de pérdida:  la enfermedad de un ser querido o su muerte, es natural que nos cuestionemos ¿por qué no estamos preparados si ya tenemos experiencia con nuestro propio proceso? o ¿por qué no puedo decir las palabras adecuadas a mi ser querido? ¿cómo podré ayudar a otros si no he podido con esta situación?. Una vez una psicóloga amiga me dijo: tú puedes ayudar a otros desde el nivel en el que tú estás, con tu experiencia podrás ayudar a quienes están atravesando por etapas por las que tú ya has pasado. Eso me dió confianza, sin embargo no acepté su propuesta de trabajo porque no me sentía preparada y me dió miedo. 


Con respecto a la inconstancia en los proyectos que vamos desarrollando, yo creo que se debe al cansancio que vamos arrastrando del proceso vivido. El proceso nos ha dejado sin tanta fuerza y energía, pero queremos hacer cosas y las hacemos con la energía que disponemos. Nuestro cerebro consume mucha energía, porque está en muchos procesos: lidiando con la tristeza, con la recuperación, con el sentido de supervivencia, con la vida misma. A mi la compasión budista me ayuda a mirarme de otra manera: Hago lo que puedo, con las energías que tengo. 


Yo creo que los procesos de pérdida y enfermedad nunca nos dejan como nos encontraron. Nos pillan siendo de una manera y nos transforman totalmente. Lo cual es una gran oportunidad. Yo a mi proceso lo llamé: Capitalización de la pérdida, es decir tomaré todas mis experiencias de dolor y sufrimiento, le daré forma, las trabajaré y luego las pondré al servicio de los otros, una parte desde la gratuidad: el voluntariado y otra parte desde el trabajo: el proyecto de asesoría. Ya hace 5 años de ese momento y aún estoy transitando.





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