Ahí estaba, zapatillas de goma y sudadera azul con capucha. Aquel chico rubio con cierto aire de inocencia me atrajo inmediatamente.
Apoyado en la barra, degustaba su copa tranquilamente, como quien espera con paciencia.
Es jueves de luna llena, mi Dark Side busca luz. He amanecido en estado zen, pero a medida que transcurre la noche, los lobos empiezan a salir a la calle, buscando presas. Y yo he tropezado con uno.
Con la excusa de cojer un caramelo de un bowl situado justo enfrente de él, me acerco para saludar:
Hola! Qué tal va la noche?. Cojo el caramelo, lo saco del envoltorio y me lo meto en la boca.
Sus ojos se agrandan, se le dilata la pupila. Los tiene claros, puedo percibirlo perfectamente. Una sonrisa abierta me invita a iniciar la conversación. Le gusto, lo sé. Tengo instinto, se que promete.
Conversación suave y agradable. Me dice que es encargado de un restaurante de carnes al corte, su acento madrileño me encanta. Empiezo a verlo como una de esas piezas de carne que suele servir a sus clientes: humm...una picanha tal vez?
A que sabes? Le pregunto.
A canela y a cardamomo, me responde.
Mis especies favoritas!. Ha secuestrado mi cerebro, mi boca se hace agua y mi olfato empieza a imaginar a que huele, si lo tuviera a medio palmo de mi nariz.
Me mira el escote de reojo. Lleva rato viéndome con disimulo. Es discreto, eso me gusta. Y me pregunta: A que hueles tu?. A selva, le respondo. Pienso que hueles a cilantro y a lima, añade. La inteligencia me excita. Y lo está consiguiendo. Habla mi mismo lenguaje, juega con mis mismos códigos.
No se en que momento sucedió, pero me beso. Fue probarlo y ya no desear dejar de hacerlo. ¿Sabes lo que se siente cuando deseas algo con locura y te ocurre?. La vida siempre me hace regalos. Y ese momento fue uno de ellos.
La química fue explosiva. Ahí en ese lugar, todos sobraban. Ya no quería a nadie más. Sólo a él. Tiene algo y quiero descubrirlo.
Decido hacerle una invitación. Rompo la regla de no traerme a nadie que no conozco a mi casa. Ya da igual!. Quiero esa experiencia. Si no me arriesgo nunca lo sabre.
Entramos en el ascensor y me pega contra el espejo. Me besa profundamente. Creo que lo vamos a hacer ahí mismo. Apenas quedan segundos para llegar a mi apartamento. Juro que diez segundos más y nos daba tiempo, de cumplir una de mis fantasías.
Abro la puerta. Y entro en mi santuario. Sólo en mi casa me siento cómoda para demostrar todo el erotismo que siento. Es mi territorio. Y él, mi invitado. He de tratarlo como se merece.
Tengo tantas ganas de tocarle. De acariciarle suavemente. De desnudarle. De comermelo a cachitos.
Tiene la piel suave, cubierta por un tatuaje que lo cruza desde el hombro y le llega hasta el tobillo. Lo recorrí entero, mordí suavemente sus costados y lami su vientre. Oli sus cabellos y acaricie toda su piel. Sentí esa sensación de enamoramiento y le toqué como si le amara: No recuerdo la última vez que alguien me tocó así, me dijo estremeciendose en mis brazos. Le abracé como si fuera mio y le besé con pasión y dulzura. Me acerque a su cuello y me comparó con las vírgenes de Dracula.
Me colocó debajo de él y me recitó un verso, que aprendió cuando viajó a hacer teatro en Argentina. Y luego me follo. Sentí placer como el que se siente cuando conoces a alguien. Pero a él no le conocía de nada. Ni siquiera estaba segura de su nombre: Diego....como el Zorro.
Se puso a mi lado y me pidió que le contará cosas de mi. Me miraba con curiosidad. Me pregunto si era libra. Follas como las libranas, me dijo... ( resulta que soy libra). No se lo afirmé porque me resultó curioso. Seguidamente me empezó a hablar del Hedonismo Epicureo y yo empecé a pensar que el Universo estaba de coña conmigo.
El resto de la noche se dedicó a darme placer. Y lo sentí tanto y tan de verdad, que mi placer se convertía en el suyo propio.
''Tienes unos orgasmos maravillosos, podría estar jugando contigo todo el tiempo''... ''Desprendes tanto erotismo, sensualidad y feminidad, que es difícil despegarse de ti''. Juro que durante todas esas horas estuve enamorada perdida. Por todo lo que él me estaba haciendo vivir.
Es hora de marcharse. Dime de verdad cual es tu nombre, me pregunta. Me río porque la gente se piensa que le miento cada vez que lo digo. Ana, te llamas Ana, me suelta de repente.
Juro que en ese momento le miré y le dije: tú me conoces? , el corazón se me heló. Llevo ese nombre por mi abuela. Pero vi en su cara que solo era casualidad que supiera mi segundo nombre, mi signo del zodiaco y que mi último post haya llevado el título de Hedonismo Epicureo.
Entendí que simplemente había sido un regalo del destino. Necesitaba revivir algo así. No se si le volveré a ver. Quisiera dejarlo como una fantasía vivida, sin más pretensión que eso.