sábado, 26 de marzo de 2016

Intensidad

Quizás la luna llena hizo que nos cruzaramos bajo ella para desnudar nuestras almas.
Su mirada intensa, perdida en el horizonte, como quien tiene necesidad de vaciar todo lo que le pesa. No me miraba casi, solo hablaba. Yo sentada a su lado le escuchaba atentamente. Fascinada con todo lo que me decía.

Hablaba de sexo y de sentimientos, de como descubrió un mundo compartido en el que casi todo vale, pero a la vez amaba a la persona a quien entregaba al placer de otros. De cómo la acompañó durante todas aquellas horas de placer, de como cuidaba de ella y de sus sentimientos.  Se hizo fuerte a su lado. Se hicieron fuertes los dos.

Era un hombre hermoso: alto, cabello negro corto, ojos llenos de vida pero empañados en tristeza y confusión. Sentí que no se creía  digno,  me dijo que no era buena persona.
Desee en ese momento ser aquella mujer de la que hablaba. Sentí una especie de envidia, inusual en mi. Mi corazón deseo aquel hombre para mi. Su imperfección, se hacía perfecta en mi alma.

Me despedí de él, me tomó en sus brazos fuertemente y me besó, como quien quiere ahogar en un beso el olvido. Fue un beso fuerte, apasionado, profundo con la fuerza del morbo de alguien que sabe perfectamente como manejarlo. Luego se marchó sin mirar atrás.

Respiré profundo. Estuve unos veinte minutos sentada en las escaleras del portal, tratando de digerir todo lo que ese hombre me habia provocado. Removió todo en mi: sentimientos, pensamientos y deseo. Todo junto. 

Gracias por aparecer aquella noche.

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