lunes, 6 de noviembre de 2017

Lo erótico y lo femenino en mi lucha feminista.

"Quiero que te sientes un día frente a mi y que mires como bailo para ti", mi yo erótico pujaba por salir y ser libre para mostrar toda mi femineidad ante sus ojos. "Quiero que me mires con descaro", así trataba de invitarle a participar en mi juego de seducción sana, consensuada entre dos personas que se gustan. Pero él declino la oferta, ante su incapacidad de mirarme con descaro sexual, porque culturalmente en su "mundo  de luchas sociales", mirar así a una mujer es considerado "machista" y él pertenece a la generación de hombres nuevos, pero confundidos ante nuestras reivindicaciones feministas. 

En cuestión de segundos, fueron a parar al cajón de mi cómoda, la ropa interior sexy que me había comprado pensando en ese momento lúdico. Ni ligueros, ni medias de encaje, ni sujetadores con tiras negras, ni música suave, ni luces a medias, ni olores envolventes, nada de movimientos insinuantes, ni miradas lascivas que jugaran al deseo. Mi yo femenino erótico no tuvo encuentro con su yo masculino "feminista". Me sentí mal, algo perdida la verdad, porque llegué a dudar si era bueno lo que le proponía sobre el uso de mi cuerpo físico para mostrarme sexualmente ante él. Para mi era erotismo, para él "machismo". Así que entré  en cortocircuito mental, decidí ponerme mi pijama mas gruesa, meterme en mi cama y dejar de sentir ese impulso erótico que me hacia sentir femenina.

Creo que el feminismo mal enfocado, nos podría llevar a abordar el concepto de lo femenino desde el punto de vista del patriarcado: victimizándonos como mujeres objetos-sexuales. Yo no me siento una mujer objeto cuando deseo que la persona que me gusta, me mire de una forma sexual, en un ambiente consensuado y libre. El erotismo ha sido una conquista femenina, es posterior a la época donde las mujeres solo éramos usadas con fines reproductivos. Nos acostábamos en una cama, cubiertas con una sábana, que tenía una abertura en el medio quedando a la altura de nuestra vagina, por donde el hombre introducía su pene para fertilizarnos. Así era nuestra sexualidad occidental en el siglo pasado. Durante ese tiempo la sexualidad, el gozo y el disfrute nos estaba negado, a nosotras las mujeres. Más cercana a nuestra época, está la sexualidad femenina abordada como fuente de gozo exclusivo y supeditado al sexo masculino. Luego de vivir las diferentes oleadas de libertad sexual, por parte del colectivo femenino, al hombre y a la mujer, socializados dentro de sistema patriarcal, solo les ha quedado utilizar la sexualidad de la mujer libre, como vehiculo de opresión, mediante la descalificación y humillación de aquellas que osan vivir su sexualidad en plenitud. Hasta aquí todo claro, pero ¿qué ocurre entonces entre dos personas libres, que se gustan y que quieren disfrutar de la sexualidad consensuada de una forma rica y plena?, ¿está lo erótico reñido con esa conquista femenina sobre nuestro poder sexual?. Mi respuesta es NO¡.

El erotismo femenino es una conquista feminista en si misma. A través de su ejercicio, nos afianzamos como mujeres y hombres sexualmente sanos, que desarrollan el ejercicio sexual en un espacio creado para que ambas energías se encuentren, se nutran y se transformen en una sexualidad rica y plena. El problema que he sentido yo, es que pocos son los hombres que se han reconciliado con su parte erótica. Un hombre erótico, es un hombre feminista, porque durante el encuentro sexual, busca llenarse de energía femenina. Así mismo, el hombre erótico, abraza su propia feminidad, se deja fluir sexualmente, se muestra sensible, siente, se apasiona, disfruta a su compañera, se disfruta a si mismo dando placer, pero no lo aborda como un reto o como una obligación, sino como algo natural que se da entre dos personas con energías sexuales plenas. El erotismo es dar y recibir, sin la comunión de dos personas libres e iguales, lo erótico no es posible.

Yo necesito de mi erotismo para sentirme emponderada. Anular esa parte de mi, es reducirme a un ser sexual victimizado. La mujer que no "debe" mostrar su belleza, la que no "debe" sentir deseo, la que anula el gustarse a si misma y por ende gustar a los demás, es abordar el feminismo desde el complejo, es seguirle el juego al patriarcado, ya que anulandome a mi misma, por no dar cabida a ese machismo, no me vuelvo poderosa, mas bien me convierto en victima. Mi erotismo  forma parte de mi poder femenino, está integrado dentro de mis capacidades personales, es el lugar donde me reconcilio con mis energias femeninas, que buscan una energía masculina para danzar en conjunto; miradas cómplices, sin espacios para sentirnos juzgados, abiertos a fluir con nuestros cuerpos, que se miran, se tocan y se saborean, donde hay consenso y libertad para que ambos sintamos deseo. No hay experiencia mas igualitaria, que tener sexo con un hombre consciente de su ser erótico.

Así mismo, una mujer que es consciente de su poder erótico, de su fuerza vital, de su presencia física, de sus conocimientos, de su sabiduría femenina, de su intelectualidad, es un ser muy poderoso, capaz de vulnerar a todo un sistema patriarcal.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo

Manuel Légolas dijo...

Hola.
Llego hasta aquí por azares del destino. Te leo y me seduces.
Estoy totalmente de acuerdo contigo.
Un placer leerte.

Germán dijo...

Con todo el respeto, esa tensión entre lucha, resistencia y entrega se resume en una frase de mi abuela, «Lo cortés no quita lo caliente».
Y que no decaiga.
Bones festes!!!

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