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AL PAIS DONDE FUERES HAS LO QUE VIERES




Quería dedicar este post a todos los que por una razón u otra hemos tenido que abandonar la tierra que nos vio nacer. Hubiese preferido haber inciado este blog el día que llegué a Madrid -que interesante hubiese sido ver la evolución de mi proceso de adaptación- ya hoy superado.

Sí, fui yo la que decidió vivir una experiencia más alla de las fronteras venezolanas. Siempre me llamó la atención las experiencias de mis amig@s que habían estudiado en el exterior. A la vuelta de sus estadías "en el extranjero"  los notaba mas abiertos, de mente expandida, con puntos de vista mas enriquecedores. Definitivamente yo tenía que vivir algo así, no podía quedarme siendo la misma de siempre. Entonces, comencé a planificar mi venida para España. También influyó en mi decisión el grave problema de inseguridad que se vivía en Caracas, estaba cansada de caminar y de ver todo el tiempo hacia atrás, por si alguien me seguia para asaltarme. Ya el asalto era lo de menos, lo terrible era que me sucediera algo. Gracias a Dios, a mi nunca me sucedió algo, pero a muchisima gente de mi entorno sí. Otra cosa era vivir con la política metida en el sofá de mi casa. No entendía porque la politica en Venezuela rige cada uno de los espacios personales de sus ciudadanos, pero eso se merece un post entero. Así que decidí embarcarme en una aventura que hoy lleva 8 años.

Despues de haber vivido con gran ilusión el proceso de estructurar el viaje, viví en desilusión los seis meses siguientes a mi llegada. Fue pisar Madrid y saber que me había equivocado de ciudad. Claro, como todos los venezolanos, estaba fuertemente influenciada por el pensamiento "americano" y ¡que equivocada estaba¡. ¿Cómo pude llegar a Madrid, pensando que llegaba a NY?, nada mas alejado de la realidad. España y Norteamerica son muy diferentes, casi que opuestas. Fue como recibir un balde de agua fría en la cara. Y me lo merecía por equivocada.

Desde ese momento me costó muchisimo adaptarme. Pase seis meses con la pijama puesta, sin querer salir de mi casa, lloraba y lloraba. Já¡ lo increíble de todo esto es que yo ya tenia experiencia en vivir sola, es decir ya llevaba 10 años que no vivia con mis padres, además ni siquiera vivia en mi ciudad natal, con lo cual ya tenía experiencia en procesos de separación. No entendía nada, lo unico que sentía era que no podía parar de llorar. No me creía que yo, una mujer tan resuelta, sin miedo a nada, tan decidida, estuviera metida en su casa sin poder salir, porque ni siquiera sabía a que automercado acudir. Me llevé la gran sorpresa de mi mente y mi cuerpo reaccionaron diferente a lo que yo pensaba. Esto es lo que no cuentan tus amig@s cuando se van de viaje y están en un país diferente, viviendo una experiencia vital diferente.

La etapa critica la superé cuando acogí en casa a una buena amiga mia, que tambien habia decidido irse de Caracas. Llegó y la vi tan resuelta, tan decidida, sin miedo a nada, y me comparé con ella. ¿que estaba haciendo yo?¿en donde estaba metida? ¿por qué lloraba?. En ese momento empecé a entender que estaba viviendo un proceso de adaptación y que si había tomado la decisión de vivir una aventura, tenía que vivirla.

Así que el primer paso fue ponerme a trabajar,. Fué maravilloso, un balsamo de distracción por el contacto con la gente. Además escogí un lugar donde trabajaban chic@s de todas partes del mundo, gente joven con mucha vitalidad. Que enriquecedor fué¡¡¡. Todavia recuerdo esa etapa y me da subidón. Sin embargo  pasaron tres años más para terminar de adaptarme.

Recuerdo que criticaba todo, desde el charcutero que me envolvia el jamón en papel aluminio y luego lo metia en una bolsa de plástico (en ese momento los empaques de sellado al vacío no se veían), hasta el porque había tantos tipos de cera para depilar. El tema del trasporte público me ocasionaba estres, mucho estres, porque los choferes no eran nada amables, y les daba igual donde te dejaran, y yo sin saber como funcionaban. Y es que en Caracas, los autobuses o "camioneticas", se paran a recogerte en cualquier parte de la calle, eso de las paradas no funciona como aquí, a los choferes les pides que te dejen en cualquier lugar y lo hacen, siempre y cuando sea dentro de la ruta Todavia me rio de la vez que en un lugar x de la acera de la calle ortega y gasset, levanté la mano para parar un autobús (como si fuera un taxi), al más puro estilo venezolano. El chofer me vió y me señalo con el dedo la parada para que fuera hasta allá. Debió alucinar en colores.

Otra de las cosas que que costó muchisimo entender fue el caracter madrileño, como me costó y creo que eso es lo que mas les ha costado entender a los venezolanos que se han venido. Recuerdo que todo me lo tomaba de manera personal, cada vez que me trataban mal pensaba que lo hacían porque yo no era de aquí. Hasta que un día saliendo del vagón del metro, venían detras de mi dos chicos madrileños hablando de lo mal que los trataba la gente, y de porque las personas no podían ser amables. En ese momento se me quitó la tonteria y entendí que tenia que dejar de ver cualquier trato como desagradable, que no era una cuestión personal, tenía que empezar a entender que el trato del madrileño en la calle es muy duro.

Pero no es que sea duro, y aqui es donde quiero llegar: es que nosotros tenemos una forma distinta de tratarnos. Estamos acostumbrados a pedirnos todo con el por favor por delante, o a decir por ejemplo: Sr. disculpe me deja pasar, o Sra. disculpe me pone un cafe con leche y a dar gracias por todo. Y todo lo que no lleve esas frases, lo consideramos agresivo. Tambien el tema del acento, nuestro modo de hablar es mas dulce. Recuerdo una compañera de trabajo madrileña, que me enseño mucho acerca de como se nos percibe. Cuando yo llamaba a un proveedor enfadada para reclamarle algún pedido, ella me corregía y me decía que tenia que poner mas caracter, yo le decía que le estaba poniendo mucho caracter y que no podia ponerle mas porque lo consideraba grosero, entonces ella me escenificaba como lo hacia y  luego como se hacía de forma madrileña. La diferencia era abismal, gracias a su puesta en escena podía verlo perfectamente, en vez de firme y enfadada, me escuchaba como si cantara un bolero.

Hace poco me pasó con un chofer de autobús, quien con acento gallego me reclama que no podia subir mi  York shire, y me exigia que le mostrara la cartilla del perro, alegaba que él no sabía si el perro estaba vacunado. Aclaro que mi perro pesa 1,5kg , es sumamente pequeño.Yo pensaba que estaba bormeando, en ningún momento pense que lo decía enserio -aparte me parecia absurdo que me pidiera la cartilla del perro cuando el no tiene la potestad de pedirmela, y el perro lo llevaba dentro del bolso-. Yo me subi y el llamó a la policia para bajarme. Yo me bajé no sin antes reclamar por ello. Pero les cuento esto porque luego de que se me pasara el enfado, me dí cuenta que a este hombre gallego le pasaba lo mismo que a mi. Yo en ningún momento percibí enfado, su acento gallego era tan dulce y tan suave, que para mi no representó ninguna autoridad. Si este Sr. hubiese sido madrileño, al poner el primer pie dentro del autobús ya hubiese habido bronca, porque enseguida hubiese entendido su enfado.

Como dice mi madre: al pais que fueres has lo que vieres. Y definitivamente compredí que no son los demás los que se tienen que adaptar a mi, si no yo soy la que tiene la responsabilidad de adaptarme. Que yo no puedo llegar cambiando nada, puedo hacer aportes, pero no puedo tener la prepotencia de querer cambiar todo aquello que no se parezca a lo que estaba acostumbrada, porque si no simplemente me hubiese quedado donde estaba. Cada sociedad tiene sus cosas buenas y sus cosas malas y que ninguna es perfecta, que si los madrileños son duros al hablar, pues los venezolanos somos muy agresivos al reaccionar y somos caoticos. Asi que mejor tomar las cosas buenas y maravillosas que nos aporta cada lugar para poder llevar mejor la convivencia.






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