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Mi año negro: Aprendiendo a ser fuerte

Mi año negro, sí es asi ¿que le puedo hacer?: el suicidio de mi madre, mi atropello, la muerte de mi abuelo, el brote de lupus de mi hermana, ¿algo más?. Mejor no tentar al destino. Convivir con todos los sentimientos de tristeza que todas estas situaciones me han generado, ha sido suficiente como para pedir una tregua a la vida.

Ya se que todas estas situaciones de sufrimiento es el precio que he de pagar por amar a estas tres personas, que han sido todo para mi, también sé que la enfermedad y la muerte forman parte de la vida misma, pero todo junto y casi a la vez, se hace difícil de digerir. Así mismo no quiero verme como la victima a la que le suceden todas las cosas malas, me niego absolutamente a verme como tal, sé que en el mundo hay personas que la están pasando peor que yo, aunque lo mio ya tiene lo suyo y no es que eso me consuele, sino que me obliga a no mirarme como si fuera el ombligo del mundo. Todos hemos sufrido una perdida importante o una enfermedad de un ser querido y si alguien no lo ha pasado, en algún momento pasara por ello, pero a pesar de todo, aquí estoy yo y mi dolor, ante la vida y sus circunstancias.

Hay una cosa muy importante que me mantiene en pie: mi trabajo. Adoro trabajar en el restaurante donde actualmente estoy, no tanto por la clientela que lo frecuenta, que sinceramente, da para escribir un post entero, sino por la calidad humana de mis compañeros de trabajo. Estar rodeada de ellos y mantenerme ocupada la mayor parte de mis días, me han salvado literalmente de no perder la cabeza. Ha mantenido el foco de mi atención fuera del dolor, aunque cuando llego a casa, automáticamente mi mirada se dirige hacia dentro y el dolor sale.

Me he vuelto bastante asocial, no me apetece salir de mi casa, aunque perfectamente puedo hacerlo, pero prefiero quedarme cultivando mis plantas, leyendo o simplemente haciendo nada, en lugar de estar por ahí llenando mis vacíos con personas o lugares que no son capaces de mitigar o distraer la tristeza que siento. Solo quiero estar rodeada de gente que verdaderamente me quiere y vivir situaciones de significado especial y profundo, acorde con mis sentimientos en este momento. Vivir el duelo ha hecho un barrido de personas y de vivencias que ya no deseo que formen parte de mi vida. Todo lo anterior a esto, fue una etapa necesaria, pero el curso de la vida continua y es necesario que me acomode emocional y vivencialmente a mi nueva situación personal.

Muchos cambios, mucha vida por delante queda aun.

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