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Agradecida

Hacer el amor con él me calienta el alma. Mirarle clavando sus ojos en mi, con ganas de devorarme entera, me eleva al éxtasis infinito. Sí, alcanzo el Nirvana de su mano, cuando vuelca su placer en mi y me empuja hacia el. Sube junto a mi y me deja libre para me sienta yo misma: mi placer exaltado, multiplicado por el ritmo de sus jadeos llenándome de su sexo y yo empapándole del mío. El sexo con él tiene otra dimensión, se hace completo. Recoloca todas mis piezas encajándolas con naturalidad, dándole sentido a un todo desperdigado que era yo.

Me siento agradecida por su vida, por su existencia. Porque pudiendo caminar entre otros o solos, escogemos transitar un camino desde nuestra libertad.

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