Hace 8 días que Primavera, a venido a visitarnos. Aún hace frío pero los días buenos se van alternando con los malos, Poco a poco los buenos le ganarán la partida a los malos, como la vida misma.
El clima de Barcelona es benevolente, no es tan crudo como el de Madrid, lo que me permite disfrutar cada día sin tantas capas de ropa encima, eso me hace sentir la libertad de movimientos. Cuando estoy enfundada en sweteres, bufandas, gorros, guantes, botas, calcetines gruesos, me siento como una especie de robot oxidado, a quien agacharse a recoger un guante caído le cuesta un mundo. Imagínate andar así todo el día, caminando por la calle, subiendote a un autobús o en el metro, donde hay que quitarse por lo menos el abrigo, para no morir asfixiada del calor de la calefacción. Todo es una odisea.
Cuando vivía en Venezuela pensaba que vivir con frío era "muy elegante", porque veía a las personas en las películas de t.v, vestidas con unos atuendos que distaban mucho de la simpleza de la camiseta de tirantes y de los vaqueros, que solía usar porque el calor húmedo obligaba. Pues Barcelona, es un término medio, ya no me visto como una cebolla y eso me viene genial. Me gusta esta ciudad, creo que lo he repetido mil veces ya, aunque quizás lo que me agrada sin lugar a dudas, es la actitud que produce en mi: mucha curiosidad por conocer todo lo nuevo que ella me brinda.
Que bien que decidí salir de Madrid, parece un mantra que me repito mucho, pero es que no dejo de experimentar como mi cuerpo y mi mente van poco a poco eliminando la rigidez que se había instalado en mis huesos. Aún siento que me estoy desintoxicado, es algo curioso es como si mis pulmones poco a poco dejaran de lanzar toxinas al ambiente. Bueno, no solo mis pulmones, también mi cerebro y sus pensamientos, o mis ojos y su falta de contacto visual con el resto de las personas.
Siento mucha rabia por Madrid y su maltrato. Aunque había algo que me gustaba mucho de las costumbres madrileñas: allí cuando te acercas a un grupo de personas a quienes no conoces pero te quieres presentar, no necesitas que nadie te introduzca con formalismos tipo: "Macarena, te presento a Princesa", no. Allí te presentas tu mismo, estampando dos besos en la mejilla de los desconocidos y dices: "Hola, soy Princesa". Eso me encantaba, quizás por eso se dice que los madrileños son más abiertos que los catalanes, aquí he visto que eso no ocurre, sino más bien es como en Venezuela, si alguien no te presenta, la persona ni te mira y se hace más incómodo introducirse.
Ningún lugar es perfecto, solo lo hace perfecto el como nos sintamos en él y esta nueva ciudad me gusta mucho. A ver qué me depara esta nueva primavera, espero que algunas cosas buenas, para poder seguir obteniendo fuerzas y recomponer mi vida.
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