Hace dos semanas que iniciamos este viaje juntas. Preparé con cuidado un saquito de terciopelo color ocre y dentro coloqué parte de sus cenizas. Metí el saquito en mi minimochila y la llevo detrás, colgada de mi espalda, mostrándole todos los lugares bonitos que tiene esta tierra.
Ayer, en lo alto de un pueblito medieval de la Toscana, pude sentirla a mi lado. De repente y sin buscarlo me invadió una sensación de sobrecogimiento y emoción, sentí ganas de llorar de emoción pura: en ese momento sabía que ella estaba conmigo. Entonces tomé una ramita de un olivo y la metí dentro del saquito que lleva sus cenizas. La primera vez que vimos juntas un campo de olivos en España, nos emocionamos muchisimo, porque en nuestro ideario imaginario, los olivos estaban asociados al misticismo bíblico de lo eterno y permanente.
El camino continua, queda mucho por recorrer aún. Así que aquí vamos!.
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