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The life is like a chocolat box

Escribo este post con mi mente inundada por las endorfinas que me produce este hombre.

Me divierte verlo sentado frente a mi, comiendo con una delicadeza extrema. Cuchillo y tenedor es usado hasta para cortar en dos el pan tumac que acompaña nuestra deliciosa comida. Yo, rebelde sin causa, ya lo hubiese tomado con las manos, porque no hay nada mas delicioso, además de degustar un alimento, que sentir su textura con los dedos. Sin embargo me limito a imitarlo. No quiero que se asuste de mis malos modales, en otros sitios ya le he demostrado que no poseo ninguno.

Verlo sonreir. Sin ni siquiera tocarme, sin apenas rozarme. Tiene códigos que aun no descifro. Me tiene absorta en su conversación. Trato de prestarle atención, a la vez que observo cada uno de sus movimientos.  Me gusta mirarle a los ojos. No se si le gusto. El a mí si y mucho. Pero no me toca. Se que quiere sexo. Eso lo sé ver. Pero yo quiero que me desee. Quiero impactar su mente, tal como él impacta la mía.  Me gustan nuestros juegos mentales, es rápido y muy ágil.  Eso me excita. La inteligencia es realmente sexy.

Justo al final, decide saltar sus convencionalismos sociales y pasando por encima de la mesa me besa, como solo él sabe hacerlo. Sus besos me derriten, secuestran mi cerebro. Siento que la humedad inunda mi cuerpo.

Este hombre con complejo de Peter Pan, receloso de compartir emociones, es un ser con un alma doble, tal como la mía.  Me divierte más aún. Conseguir personas con el mismo desorden mental que el propio, no es tarea fácil y éste apareció detrás de mi en un bar español, donde se baila samba los domingos por la noche. Quien dice que las casualidades no existen?.

Al terminar la comida, me levanto para dirigirme al baño con la única finalidad de que me mire con el vestido blanco que me he puesto para la ocasión. No me he puesto sujetador y llevo un jersey negro, el cual decido quitarme para que vea que no soy inmune al frío.  Me gusta jugar a seducirlo. Se que le gusta también. Me siento cómoda y él se deja.

Una tarde perfecta,  en compañía de este hombre, que lleva cuatro meses siendo mi bombón favorito. Hace ya tiempo que deseaba tener una cita en condiciones. Y hoy era un día perfecto, ya que en esta misma fecha, pero en Octubre traté de quedar con èl en este restaurante y por error mandé al chico a la otra punta de Madrid.  Se que lo nuestro es solo Sexo. Pero me apetecía aproximarme un poco más a él. Verlo a distancia, aunque solo sea la de una mesa de dos,  ya que normalmente lo veo a un centímetro de mi boca y entre jadeo y jadeo es poco probable llegar a conocerlo.

Ya hace que se ha marchado de mi casa. Imposible no terminar degustando este bombón que tanto me apetece ya que esta relleno de un licor que emborracha mis sentidos.

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