viernes, 28 de febrero de 2014

Ondas tertulianas

Llego puntual...él llega con retraso. Una cita, en un restaurante que he pedido que sea a su libre elección.  Me encanta dejar que se sienta cómodo eligiendo donde estar. Eso me ayudará a que este relajado.

Paso por el frente del restaurante navarro y veo que esta a reventar. Uff no pienso estar ni un rato mas de pie, mis tacones, de poca altura pero al fin y al cabo tacones, me podrian pasar factura, y no pienso ponerme de mal humor por un dolor de pies. Le llamo para comentarle que esta llenisimo, si prefiere que vayamos a otro sitio. A lo que cuidadosamente me responde: he mandado a reservar una mesa, la del fondo es nuestra.

Este detalle me dice que ha tenido el cuidado de asegurarse la velada.  Esto me gusta. Ha escogido el lugar y a parte a reservado la mesa. Le gusta controlar. Eso me pone.

Ya me apetecía quedar con el. Por fin todo cuadra para vernos.

Nos hemos reído un montón.  Tiene un humor fino y muchisima cordialidad. Sin contar la capacidad de maravillarme sobre un tema que no domino. Así que lo escucho con cuidado. Me encantan los hombres que hablan mas que yo. Soy buena escuchando y preguntando sobre todo lo que no entiendo. Tiene una gran cantidad de conocimientos que quiere compartir y yo siempre he considerado que la inteligencia es realmente sexy.

Lo miro, sonrio y me rio. Me tiene entusiasmada. Me gusta.  Pero se que no llegaría a nada mas con él.

Me encanta la experiencia que me esta brindando. Su alegría,  su cordialidad, su generosidad, su saber estar, su caballerosidad. Hoy en día hay muchos chicos para salir, pero caballeros pocos. Me hace sentir como una princesa.

Las horas pasan volando. Ni siquiera me he necesitado ver el reloj. Hasta que el salón vacío del restaurante indica que es hora de marcharse. Me siento bien y lo mejor, me siento feliz. Hoy en día solo me hace feliz las experiencias positivas que comparto con otras personas. 

Siento que él esta viviendo un momento mágico conmigo. Asi que decido hacer correr esa magia. Y bajo la fría noche madrileña, paseando al borde del retiro, con su brazo rodeando mi cintura, llegamos a la Puerta de Alcalá, emblema de esta hermosa ciudad. Se separa de mí. Me mira y no sabe si besarme. Creo que prefiere tenerme como una fantasía en su memoria.  Como esa mujer que ha deseado tener pero que sabe que no la puede alcanzar.

Le tomo de la mano, tarareo un vals y le pregunto si le gusta bailar. Y allí  bajo la hermosa Puerta de Alcalá, baila conmigo. Parece un cuento. La magia lo inunda todo.

Me despido con dos besos en la mejilla. El me mira ya con un aire de nostalgia.  Abordo mi taxi. No despega su mirada de la mia.

Y me escribe:

Eres Fabulosa como compañera de tertulias, escuchando incluso más allá de lo entendible, como compañera de patés, croquetas y pantxinetas, como pareja de baile, y como mujer eres espectacular!

Se que has sido un sueño del que despertaré mañana, porque hoy todavía seguiré un bueno rato soñando despierto.

Pero del que preferiría no despertar.

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