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Oporto: enamoraíta perdida

¿Qué hago en Oporto? Enamorarme de su gente!. Que ciudad tan dulce y amable, con un encanto especial que la hace única.

Ha sido increíble ir a esta ciudad, doy gracias a mis ideas de última hora, donde a veces hago cosas sin pensar: sentada en el sofa de mi casa, miro un billete de esos baratos de Ryanair y convenzo a una amiga para que nos vayamos unos días. Touche!

Días de sensaciones bañadas de vino oporto, comida casera donde el bacalao no puede faltar, sopas de legumbres, pastelerías con dulces de cremas....hummm.... deliciosos.

Una de las mejores partes fue el hotel, mi amiga que no quería gastar ni un euro por un alojamiento en el cual pasaríamos apenas unas horas, me propone un hostal donde compartamos habitaciones.  Yo nunca habia hecho algo así, aunque refunfuñe acepte la propuesta. Llevo mucho tiempo probando cosas nuevas, así que esto aumentaría mi experiencia. ¿Habitacion mixta o de chicas? le pregunto, me responde: Mixta! a ver si nos toca algun chico guapo. Madre mía con mi amiga, está loca por echarse un novio.

Bendita la hora que le hice caso a Luiza, aquel rapaz gostoso que nos tocó como compañero de habitación, acababa de aterrizar de Brasil. Guapisimo a morir, veintipocos, alto, moreno, con una barba de pocos días, bronceado de playa (allí es verano) y simpático. ¿Qué puedo contarles? terminamos los tres cenando en un Asador tipico brasileño, comiendo picanha, mi carne favorita!, para luego irnos de copas, de sitio en sitio: un lugar donde se bailaba música de los años 50, otro donde bailamos forro, otro bailando salsa y al final una disco con música tecno. Despues de un día entero turisteando por las bodegas de oporto, paseando en barco y haciendo todo lo que un turista típico hace, terminar así la noche....o comenzar el día, todo depende de como se mire, fue Amazing!.

Decido alargar un día más mi estancia, me queda pendiente ver a una persona, que solo he visto dos veces en mi vida. Pero no se porque me empeño en querer verla. La intuición no falla. Me recoge en la Torre los Clérigos y me lleva a recorrer toda la ciudad, me explica cada edificio, cada historia de sus calles. Estacionamos el coche y bajamos a recorrer las rúas comiendo pasteles, tomando cafés, probandolo todo. Entre medias contabamos nuestras vidas. Y no parabamos de hablar. Dos mujeres siempre tienen mucho de que hablar y si somos coterraneas mas aún.

Isabel, esperame un momento que quiero comprar una mochila para viajar le digo, entrando a una tienda de deportes. Cojo la mochila y le digo al vendedor: me la llevo. Y va ella y me suelta:quiero hacer el camino a Santiago, tengo todo listo para hacerlo. En ese momento pensé, es por eso que me he empeñado en encontrarme con ella. Pues aquí tienes tu compañera de camino, le respondo. Cuando vuelva de Berlín, nos ponemos en ello.

El camino es un tema pendiente desde hace muchos años. Así que desde Oporto de cierta manera, creo que he comenzado mi camino.

Aquella tarde se convirtió en noche, terminamos en la Champañeria tomandonos un coctel de vino espumoso con zumo de fresas, que estaba exquisito.

Al terminarlo y ya sobre la 1:00 am, me despido de ella. Han sido 12 horas de charlas interminables, risas y sueños compartidos. Ya sabía yo que no podía dejar de verla.

El truco es sencillo: si te abres a la vida la vida se abre a tí y se muestra tal como la quieres ver. Así que atrévete, yo lo estoy haciendo!

Boa Noite

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