lunes, 16 de febrero de 2015

Tuya

Aquella tarde, como otras tantas de aquel verano inolvidable del 2012, el coronel me pide que nuestra agenda quede sincronizada para pasar la tarde juntos: ''Quiero darte la mayor prueba de amor que una mujer puede recibir de un hombre: te haré el amor olvidándome de mi placer. Solo me entregaré al tuyo. Te daré todos los orgasmos que tu cuerpo pueda soportar''.

Aunque no hace mucho de esto, confieso mi inocencia. Yo no sabía a que se refería exactamente, mas bien pensé que me estaba diciendo tonterías y aumentar mi deseo.

La puerta de la habitación se abre y una cama gigante se muestra ante mis ojos. Me besa con dulzura y pasión. Me siento muy mujer en sus brazos cuando me rodea la cintura y me aprieta contra sus caderas. Cuando me mira a los ojos y me respira fuerte, absorbiendome en cada bocanada de aire. Soy suya, simplemente le pertenezco.

No he desayunado,  asi que solicita un desayuno: croisant con mantequilla y mermelada de melocotón, cafe con leche y zumo de naranja. Hummm mi desayuno favorito!.

Aquel desayuno fue uno de los momentos mas eroticos de toda mi vida. Pienso en eso y mi corazón se arruga, siento Saudade.

Me dio de desayunar con sus manos, sentada en la cama a su lado, completamente desnudos los dos. Este hombre huntaba delicadamente la mermelada en el croisant y me lo daba con sus dedos en mi boca. Me acariciaba los labios y me besaba, mientras me contaba cosas. Yo embelezada por tanto erotismo, me fundi en él y ya no deseaba simplemente que me diera de comer de sus dedos, empecé a desear comer de su boca, sentir su saliva mezclada con cada bocado. Beber el zumo de su boca. Me sentía totalmente protegida, le había cedido todo mi control, era suya toda suya.

Hunto la mantequilla en sus manos y cubrió mis pechos con ella, tengo ese olor grabado en mi mente junto a la imagen de mis pechos llenos de grasa amarilla, estrujados por sus manos. Masajeandome con su sexo. Loca de placer me volvió aquella tarde, como todas las que pasabamos juntos, compartiendo un pedazo de nuestras vidas.

No recuerdo cuantos orgasmos sentí pero recuerdo perfectamente que él no tuvo ningún orgasmo físico. Pero si que le sucedió algo que solo le había ocurrido una vez anterior: su cuerpo le regaló un orgasmo total, en el que sintió oleadas de placer que le hacian temblar porque no entendía que era eso, ya que no había eyaculado. Me inundó de sus sensaciones. Aprendí lo importante que yo era para él. Lo sigo siendo, lo sé, pero no está. Aunque vele por mi en la distancia.

Te echo muchísimo de menos. Cada vez que aparecen tus mensajes mis días dan un vuelco y no puedo dejar de pensar en ti. 

Ya se que ocurre, pensabas en mi en este momento. He tenido que parar de escribir este post porque me has escrito.
Definitivamente seguimos conectados, siempre!.

¿Qué hubiese sido de nosotros si no te hubieses marchado de Madrid?.

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