miércoles, 12 de agosto de 2015

Regalos entre amigas

Aquella no fue una cita normal. Salí a su encuentro con la pereza que da conocer a alguien nuevo, bajo presión. Mi amiga llevaba semanas pidiendome que le conociera. Y yo le había dado largas a la situación, poniendo montón de excusas.

Me gustan los hombres que insisten de una forma arriesgada y con cierto descaro: "¿Nos vemos en un rato y nos conocemos?, estoy cerca de tu casa y en unos minutos estaría allí", me dijo aquella tarde. Me lo puso tan fácil que decirle nuevamente que no, no venía a cuento, sin embargo marqué límite en el tiempo: "solo tengo dos horas para verte, luego tengo cosas que hacer", le respondí pensando que acabaría lo mas rápido posible con esa cita que prácticamente me habían impuesto.

Falda larga hasta los tobillos, de crepé en color rosa, top blanco a juego, sandalias bajas. Cabello suelto, cara prácticamente lavada, solo el rimel iluminaba mis ojos. No quería levantar pasiones. No quería insinuar, solo iba a tomarme un te frío como excusa para conocerle.

Bajo las escaleras de mi casa y veo aquel Adonis de cuerpo definido, bronceado, mas bien musculado, un tatuaje zahori en el brazo derecho que le llegaba hasta el codo, un pendiente de oro en la oreja izquierda y un perfume penetrante, masculino, que hizo que mis bragas cayeran al suelo. Solo sonreí y caminamos buscando sitio para sentarnos. A partir de allí pareciamos dos tontos dando vueltas a la manzana, creo que ambos teniamos el cerebro secuestrado por la oxitocina. Durante todo el camino me rozaba, se tropezaba conmigo y yo me dejaba.

La química surgió mas rápido de lo que nunca imagine. Despues de una charla tonta, de esas que sirven de previo para el primer beso, siendo que este ya sabiamos que ineludiblemente iba a ocurrir, me besó. Este hombre sabía dulce, lo que hizo que el aburrimiento se me pasara enseguida. No quería dejar de probarlo. Quería comerme ese caramelo.

Me hizo sentir rápidamente en confianza y decidí vivir un Carpe diem en homenaje a los viejos tiempos. Buscamos un lugar para dar rienda suelta a nuestra pasión. Sentados en el sofa de aquel lugar, el sobre mí besandome con deseo desenfrenado y yo recibiendo ese desenfreno en mi cuerpo, con ansias de poseerlo todo para mi. El deseo me consumía, sus besos me excitaban, sus manos levantando mi falda rosa y bajando mis bragas negras para luego separar mis piernas y hundir su cabeza en el mero centro de mi existencia, me hizo temblar, sabiendo que sería capaz de correrme en su boca, con tan solo sentir el tacto de su lengua.

Aquel hombre besó mi sexo como nunca nadie lo habia hecho. La perfección existe y en ese momento su lengua lo manifestaba. Pero no solo era su lengua, eran sus dedos, sus labios, su tacto, la forma como se arrodilló ante mi. Su cuerpo definido, musculado, duro, tatuado, bronceado, sus ojos azules, su cabello rubio, sus abdominales, su olor.

Me deje llevar, aquel hombre dominaba la situación, sabía lo que hacía y como hacerlo. Pocas veces dejo que me dominen, esta vez me sumergi en sus deseos, incluso me senti enamorada durante dos horas.

Me cargo en sus brazos y me llevó hasta la piscina, me sento en el bordillo, separo mis piernas nuevamente, ya desnudos del todo y él con su cuerpo sumergido y mi sexo a la altura de su boca, volvió a comerme como quien degusta un plato favorito. La imagen de lo que veía era tan impactante, excitante y erotica, que volví a correrme en su boca. Grité de placer.

Me acordé de mi amiga y del regalo hermoso que me había hecho.

Me follo en una cama blanca redonda, cubierta por velos, que había sobre la piscina. Hizo conmigo lo que quiso, a muy pocos hombres les doy esa confianza, quizas a casi ninguno. Normalmente soy yo la que lleva el mando de lo que me gusta hacer. Pero esta vez, este hombre hacia todo lo que me gustaba y de la manera que yo quería. El cielo habia bajado a la tierra y me había ido a visitar. Ufffffff too much!

Paramos de hacerlo, jugamos un rato a reirnos, nos volvimos a calentar, nos follamos nuevamente, volvimos a parar y vuelta a empezar. ¿Cuantas veces realmente se siente ese deseo por alguien?...Ese querer repetir nuevamente  luego de acabar...¿muy pocas verdad?. Solo pasa cuando alguien te gusta y la química y la complicidad acompañan.

Todos los días posteriores tenía esa sonrisita en mi cara de mujer satisfecha. Llena de endorfinas felices. Con esa sensación de que el mundo es perfecto. Tranquila y en paz.

Gracias Amiga!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un placer leerte siempre ¡¡¡ (esta vez compartido, jajajaja)

Gracias por compartir experiencias, sensaciones, ideas y reflexiones.

Alexey

Anónimo dijo...

Oh my God!!!
Que excitante relato de los hechos.
He sentido tus orgasmos como si fuera en mi boca y no en la de el.
Que descripción tan sensual y erotica...
Me encanta cuando escribes sobre tus placeres... Me transportas.
Espero que tengáis miles de citas y que las escribas como en esta ocasión.
Acabas de erotizar mi tarde de miércoles. Hoy que es cuando voy a escribir precisamente sobre un restaurante que conoces de sobra.
Mil besitos con tequila.
Rosaluma

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