El calor del verano y la humedad que empapa mi piel y mis cabellos negros me excitan. Llegar a la playa y despojarme de todo atuendo, incluso de mi bañador me produce un placer sublime. Sentir como los rayos de sol calientan mi sexo y lo broncean, es una sensación que todas las personas deberían experimentar.
He escogido un lugar en la arena rodeada de cuerpos desnudos que como el mio, han decido tomar el sol como Dios los trajo al mundo. Que sensación de libertad me produce desvestirme delante de toda esta gente y que nadie te mire con ojos extraños!.
Mis cabellos huelen a sal marina, mi piel deja de ser blanca y empieza a tener tonalidades doradas, el ruido de las olas cuando rompen en la orilla es tan fuerte que llega a ser ensordecedor. Cuanta gente tatuada y sexy, parecemos una tribu dentro de un conglomerado de personas infinitamente diferentes las unas de las otras, cada uno viviendo como quiere la playa, eso sí todos disfrutando de este día que nos regala la vida.
Amo la sensación de desnudez y no siento vergüenza alguna de mostrarme, el acto en si mismo de quitarse la ropa delante de toda la playa, es una forma de liberación de todos los convencionalismos sociales y es reinvidicativo de la propia libertad de sentir lo que a cada quien le plazca, siempre respetando al otro.
Mi piel no tiene marcas de bañador y mi alma no se siente presa. Me visto nuevamente, comienza a oscurecer, mis atuendos son suaves y amplios ya que no me gusta la ropa que aprieta. Me despido de la playa por hoy, dando gracias a la vida por este día.

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