Hoy es uno de esos días en los que la debilidad se asoma al borde de mi alma. Hoy a pesar de estar rodeada de gente que me ama, me siento sola.
Una sensación antigua recorrió mi cuerpo y se instaló en mi corazón, ya casi me había olvidado de ella y digo casi, porque hoy volvió a aparecer: la sensación de hogar. ¿Sabes cuando algo te aprieta el alma pero no sabes que es?, bien pues ha tenido que pasar casi todo un día para identificar que hoy quisiera tener mi casa con mi familia y no hablo de mi madre, ni de mis abuelos, tíos o hermana, sino me refiero al hogar que se constituye con la persona que elijes para ti, para siempre. Como aquél que tuve una vez.
Estar en la calle y desear llegar a tu casa porque la persona que amas está ahí esperándote, deseando que llegues para que le cuentes tu día. Tener esa sensación de exclusividad y de especialidad con él, esa complicidad que solo se genera entre dos que se aman.
Hoy confieso sentirme vulnerable y es por eso que quizás pensé que tantas teorías poliamorosas y anárquicas, solo me llevan a transitar por el lado más difícil de las relaciones. Una vez, un hombre me hizo una pregunta: ¿tú que quieres: el bocata entero o las migajas?, creo que no le respondí, mi teoría del compartir estaba en ese momento, cobrando más fuerza que nunca dentro de mi. El me dijo: ''yo elijo el bocata entero, todo para mí''. Que bien!, pensé, ojalá yo volviera a sentir esas ansias de poseer a alguien para mi.
Voy a cerrar los ojos y a imaginarme, que eso a sucedido, que él a llegado a mi vida y espera dormido a que me acurruque a sus espaldas, encajada en él, abrazándole por detrás diciendole al oído: ''hoy te he echado de menos, te quiero''.
No hay comentarios:
Publicar un comentario