domingo, 27 de noviembre de 2016

Ella, la mujer de mi vida decide morir

Ella no quería ir al hospital, no quería saber los resultados de todos esos exámenes que habíamos estado haciendo durante los siete meses previos.  Tenía pánico a tener una enfermedad grave.

Una tarde al salir del hospital, después de una de esas pruebas donde le miraban la paratiroides, el meningioma que tenia en el cerebro detrás del ojo izquierdo o que se yo que más, me dijo, en una situación forzada, mas por mis nervios que por los de ella, que tenía miedo de que le pasara algo malo. Sentí alivio, cuando manifestó en ese atisbo de lucidez, lo que sentía.

Hoy he despertado y al hacerlo percibí que va a ser un día difícil para mi: vuelvo a sentir esa sensación de shock y de tragedia, mezclada con interrogantes y desesperanza ante esa vida que se me escapó de las manos, a través de una ventana.

Justo ese día, en el que ella decidió suicidarse, ibamos a buscar los resultados en el hospital. Ella no quería saberlo, tenía miedo, sintió un pánico mas fuerte del que su mente y su cuerpo podían soportar. Tomó la decisión justo cuando no le quedaba mas remedio que ir. La estábamos esperando para llevarla, ahí alrededor de ella, al otro lado de la puerta. No estaba sola. Mirando en retrospectiva, la teoría de un brote psicótico en ese momento, cobra fuerza con todo sentido, porque ella en estado normal, nunca nos hubiese hecho daño a nosotros, que eramos las personas que mas amaba en el mundo.

La enfermedad se la llevó, hay quienes mueren de un infarto, ella murió como consecuencia de una enfermedad que estaba deteriorando su cerebro y que le impedía vivir de forma normal cada día.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Mi soledad y yo

Hoy en Barcelona, ya de regreso a Madrid.  He venido porque echaba mucho de menos a mi hermana y a mi abuelo, quien luego de la muerte de mi madre, está en la casa de mi hermana.

Me he vuelto a quedar sola, pero esta vez con un sentimiento diferente. Antes de que mi madre y mi abuelo se mudaran conmigo, el 30 de mayo del 2015, no sentía este sentimiento de soledad, mas bien me sentía feliz, fuerte e independiente.

Me costó bastante adaptarme a vivir con ellos, me sentí invadida y no sabía como lidiar con la enfermedad de mi mamá. Pero con el tiempo aprendí a lidiar con la situación, tomé el toro por los cuernos y decidí enfrentarme a la enfermedad y a mi nueva situación familiar.

Amaba cada paso que dábamos hacia adelante. Eso me animaba a seguir, sin embargo sabía perfectamente que lo suyo era una enfermedad que de un momento a otro nos aplastaría. Nadie sabia nada, ningún médico me daba respuestas, todo era lento. La solución nunca llegaba....y nunca llegó.

Y ahora solo me queda el sentimiento de soledad, el volver a acostumbrarme a estar conmigo misma. El tratar de estar lo mejor posible cada día.

Estoy en una etapa bastante difícil, en la que me hayo cada día sacando reservas de fuerzas y de animo para despertar. Reflexionando sobre la vida, en que todo tiene un sentido y un por qué. Viviendo el luto lo mejor que puedo, aprendiendo de él, poniéndome a prueba cada día, como si se tratara de un reto, un mano a mano entre ella y yo.

He cerrado el blog, porque me ha dado por escribir sentimientos muy tristes e íntimos, tanto que siento que no puedo desnudarme frente a nadie. Es increíble, porque soy capaz de abrirme en lo sexual pero no puedo en esto, por ahora no. Creo que es de las pocas veces en mi vida que experimento la sensación de soledad y de vulnerabilidad, así que me ha dado por protegerme de todo aquello que pueda hacerme mas daño del que en este momento siento que me han hecho.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Superviviente de un suicidio III parte

Duele el alma, duele el corazón y me duele ahí en el mero centro del pecho. He prometido cambiar mi visión y empezar a trabajar en la despedida, es la única manera que tengo para poder seguir con la cabeza en su sitio.

''Ella merece estar en paz!", ante mis lágrimas inconsolables, la frase de mi tío resonó dentro de mi cabeza y me sacó del llanto profundo. Sí, por su lucha inagotable ante una enfermedad que se la llevó de nuestro lado hace mucho tiempo, se merece no solo estar en paz, sino ser feliz allí donde esté.

Entendí perfectamente lo que dijo mi tío, tanto así que sentí vergüenza de mi misma, por ser egoísta todos estos días y angustiar a mi madre con mi enfado y mis lágrimas. ¿Quien soy yo para cuestionar su decisión de morir?, ¿quien soy yo para tratar de retenerla a mi lado, a toda costa a sabiendas lo mal que la estaba pasando?.

He estado todo el día triste, muy triste, pero de un modo diferente. Con el alma rota, pero sin pensamientos que carcomen mi cerebro y me hacen daño: ¿por qué no lo pude evitar?, ¿que mas hubiese podido hacer?, ¿por que no estuve ahí para detenerla?, ¿por que no percibí sus señales?, ¿por que no le di mas amor para que no decidiera marcharse?, ¿por que me ha abandonado, de la peor manera?, ¿por que no quiso seguir a mi lado?, ¿por que no lo hice mejor?, ¿por que no luche más?.

Preguntas que cada mañana al despertar me hacía, se me atragantaban en el pecho y se me incrustaban en el corazón como puñales: Quiero despertar de esta pesadilla!, me decía a mi misma.

''Se merece estar en paz, déjala ir''....cuanta razón en tan pocas palabras. Ella me amó tanto que me dejó marchar de casa a los 16 años, para ir en búsqueda mi destino. Lloró cuando tomé la decisión de irme a la universidad en Caracas, recuerdo que me dijo: Sé que una vez que salgas de casa, nunca mas volverás. Tuvo razón, nunca más volví a vivir con ella, pero ella sí que volvió a vivir conmigo. Su último año de enfermedad, estuvo a mi lado, luchamos juntas contra algo que no sabíamos que era. Ahora ya no lo sabré y la verdad tampoco tiene sentido, ya no está. 

El primer paso para iniciar el acto de desapego mas grande de mi vida comienza en aceptar que merece estar mejor de lo que estaba aquí. Se merece la paz, se merece estar tranquila sin las tribulaciones de una mente en proceso de deterioro.

La echo de menos.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Superviviente de un suicidio II parte

Eres sobreviviente a una muerte por suicidio y no te queda mas remedio que aceptarlo. Eso es lo primero que te dice la gente: '' ha sido su decisión y hay que respetarla''. A mi que me cuenten como se respeta una decisión de una persona que en un momento de desespero, con la mente nublada por el dolor, la angustia, el miedo y la tristeza no ve otra salida que borrarse del mapa de la vida. Lo siento, pero me cuesta entenderlo y aceptarlo, más aún cuando ahora sé, que una de las consecuencias de las enfermedades mentales es la muerte por suicidio.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Superviviente de un suicidio

El luto es como la gripe, una vez que te enfermas solo tienes que esperar un tiempo para curarte, no hay medicina que te sane, solo antigripales que te ayudan a paliar la situación. Una vez que entras en el tunel del luto, solo puedes dejar que el tiempo se haga cargo de ti, sin embargo a diferencia del resto de lutos, los que somos sobrevivientes de una muerte por suicidio, arrastramos el agravante de no entender absolutamente nada de lo ocurrido. Es como si el cerebro no digiriera, ni procesara la situación.

Cada día que pasa, en lugar de sentir menos dolor, siento más. Y sé que va a ser así durante muchos meses, incluso años. Este tunel es de largo recorrido. Mi familia está rota, no solo yo. No es tan solo que la echemos de menos,  es sentir una sensación de tragedia instalada derepente en nuestras vidas, un shock que nos ha dejado derribados.

Casi no lloro, solo pienso en poder procesar todo esto. Hablo mucho de lo ocurrido, me niego a que el silencio se instale en mi entorno. Pienso que una forma de aliviar el dolor es hablando de lo que sentimos. Si mi madre hubiese manifestado lo asustada que se sentía y la angustia en la que vivia su cabeza, hubiese soltado mucho lastre. Sin embargo, ella era una persona que no se permitía manifestar sentimientos de debilidad. Era una mujer fuerte, pero de nada vale ser fuerte, si no se tiene la humildad de reconocerse vulnerable ante las adversidades.

Sí, me he convertido en una sobreviviente de un suicidio, con todo el peso que eso conlleva. Aun no entiendo muy bien a donde va ir a parar mi vida, ya que esto me obliga a tener una nueva visión del camino a seguir. Trato de buscar un sentido a algo que no lo tiene, pero pienso que Dios, solo nos pone en el camino aquellas pruebas que sabe que vamos a poder superarlas. 

Quizás tenga que hacer el acto de aceptación y de desapego mas grande de toda mi vida, tal vez es lo único que me ayudaría a sobrevivir dignamente a esta situación indigna de por si. No tengo ni idea de como se hace eso, es mi madre, no un desconocido que conocí en un bar, la vinculación y el sentimiento pertenece a un nivel superior, ya que es la vinculación primaria al amor y a la vida.

Me acuesto a dormir, mi dolor hoy no pasa, late fuerte y me hace daño.

martes, 8 de noviembre de 2016

El suicidio toca mi vida nuevamente.

Aquel hombre de ojos negros penetrantes me miraba fijamente mientras me explicaba los trámites a seguir. Yo solo observaba su corbata de rayas grises y amarillas, su traje oscuro y en su cabello perfectamente peinado. Respiré para tranquilizarme y así poder tomar la mejor decisión para todos.  Estábamos sentados frente a frente en la mesa pequeña de mi casa, donde mi madre nunca quiso sentarse a comer, ella prefería comer como los pajaritos: poquito, de pie en la cocina o sentada en el sofá viendo la televisión.

Mi abuelo lloraba desconsoladamente en el sofá del salón, mientras cinco paramedicos monitoreaban su corazón. Respiraba profundo y lloraba, como si en cada bocanada de aire que soltaba se iba el resto de la felicidad que le quedaban en estos años de vida.

Esa mañana, llegue al piso corriendo, asustada, pero con la cabeza fría. La llamada de mi tío diciendome: ''tienes que venirte ya, le ha pasado algo muy malo a tu mamá'', me hizo tomar un taxi para no perder tiempo. De camino pensaba: ¿como le doy esta noticia a mi hermana?,  ¿como lo transmito a la familia en Venezuela?. Fue difícil no perder la cabeza en ese momento, algo innato en mi siempre me lleva a resolver situaciones duras sin perder la calma. Bloqueé mi corazón, mis sentimientos y entre a casa.

Una vez más revivi una de las situaciones más duras que he vivido en mi vida: un suicidio: un acto de violencia absoluta contra la persona y contra el entorno. Algo de lo que no te puedes recuperar nunca. Una situación que no se puede digerir. Es como si te amputaran el alma y te dejaran zombi de por vida.

Tome la decisión en dos segundos, ante la pregunta del hombre de la corbata de rayas: quiero que la cremen y no quiero ver nada, no quiero funeral, no quiero velatorio, solo quiero que me entreguen sus cenizas lo mas rápido posible. ¿Se las enviamos a casa?, tenemos ese servicio, me dice. No te pases!, le dije, dejalas en el Tanatorio, que yo las recojo con mi familia.

Luego de firmar papeles, autorizaciones y demas trámites y a menos de una hora de lo ocurrido, sentí que el alma se me despertaba, como un cosquilleo que empieza a doler y que ya no para.  No podía consolar a mi abuelo, mi situación era inconsolable. No podía consolar a mi tío, mi dolor era tan grande como su dolor.

¿Que se siente en esos momentos?, no se describirlo aún, sentía desespero porque mi cerebro no aceptaba lo que habia pasado. ¿Quien me aseguraba que realmente era ella si yo no la vi?, es un pensamiento absurdo, pero todo en ese momento era absurdo. Nadie me dejo ver nada, es lo mejor. No quedarse con ninguna imagen que nos haga mas daño del que nos han hecho. Mis dudas se despejaron cuando uno de la judicial habló de una prenda que llevaba puesta y fue ahí donde mi corazón, mi mente y todo mi ser aceptó que sí, que era ella.

A partir de ahí, comenzó el proceso de espera para que me la entregaran. Demasiada tristeza, demasiado de todo. Esto es demasiado.

Hola mamá

Querida Mamá,  Hace 10 meses y 2 semanas que nació Laia. Quiero que sepas que tienes una nieta preciosa, tiene unos ojos grandotes de un col...