viernes, 17 de febrero de 2017

Hiroshima

Aquí voy, caminando por la calle, pegada a  la pantalla del móvil, con mis audífonos puestos escuchando a Izal y a Vetusta Morla, queriendo evadirme de este puto mundo.

Hoy es un día de esos en los que me apagaría, para poder encenderme dentro de un año mas o menos. Estoy enfadada, he ido al abogado para que me oriente sobre el atropello y me ha dicho que sale mas rentable que yo misma inicie la reclamación, por que con el cambio de ley sobre accidentes de trafico la reclamación mas bien es poca.

En fin, como todo en mi vida, siempre me tengo que hacer yo misma las cosas. Entonces reflexioné sobre mi necesidad de protección, mas bien sobre mi necesidad de sentirme protegida por alguien. Se que es una actitud infantil e inmadura, pero quisiera cerrar los ojos y que alguien me llevara de las manos en estos momentos, solo por un tiempo, hasta coger fuerzas y poder seguir yo sola.

En estos momentos me siento realmente sola, creo que desde los últimos tres años, no había sentido esta sensación de soledad absoluta. Estoy yo con mi vida y mis circunstancias. Definitivamente, una cosa es estar sola y otra "sentirse" sola.

La Marea de Vetusta Morla y Los días raros, me acompañan, me gusta la frase que dice: "Mi colección de medallas y de arañazos"..."Quedan vicios por perfeccionar en los días raros". Sí, estos son días raros, de remover toda la mierda que hay por dentro, aunque estoy en una época en que se mueve todo solo y yo únicamente trato de poner control a todo esto que siento.

Hiroshima se llama esta época, menos mal que Nagasaki en 1999 me proporciono recursos para sobrevivir.


lunes, 13 de febrero de 2017

Construir todo otra vez

Definitivamente el tiempo ayuda a darle perspectiva a los acontecimientos de la vida. Los días pasan y me siento mas fuerte, en este momento estoy en la fase en la que siento que la muerte de mi madre se integra en mi. Es difícil de explicar, pero en estos días siento que ella pertenece a mi, independientemente de donde esté.

He escogido la estatua del ángel caído en El Retiro para escribir esto, sobre todo por que al final, todos somos ángeles que caemos en momentos determinados de nuestras vidas. El sol se pone por la carretera que está justo frente a mi y las vistas son hermosas, me llenan de fuerza entre tanto frío invernal.

Creo que al principio para poder salir de la tristeza y del trauma, me di permiso de sentirme mal, pero había un instinto en mi que me ha ayudado a seguir, a recomponer los pedacitos rotos de mi alma. Es cierto que hay que poner fuerza de voluntad para salir adelante, sin la voluntad de querer estar bien, estaría perdida.

Mantener mis rutinas inamovibles, dormir bien, trabajar, llorar cuando me apetecía y donde me pillara el dolor. Enfrentarme a la ventana y hablarle, sentir lo que ella hubiese podido sentir ese día, llorarlo, perdonarla, perdonarme, quererla como si no se hubiese ido, respetar su enfermedad y el proceso. Dejar ir y sentir que la vida solo es un lugar donde venimos a aprender. A mi me ha tocado vivir esto, entonces es mi deber de vida aprender de ello.

En esta etapa estoy, poco a poco. Ahora toca construir todo otra vez.

domingo, 12 de febrero de 2017

Invictus

Sí, mamá, definitivamente así definiría tu vida, como este maravilloso poema.

"Mas allá de la noche que me cubre,
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que puedan existir
por mi alma inconquistable.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca he llorado ni pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yacen los horrores de la sombra,
sin embargo, la amenaza de los años
encuentra, y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigos la sentencia,
yo soy el amo de mi destino:

Soy el capitán de mi alma."

miércoles, 8 de febrero de 2017

¿Cual es el sentido de tu vida?

Bien, es mejor que escriba y suelte todo lo que siento.

¿Cúal es el sentido de tu vida?, en este momento me doy permiso de tener una vida sin sentido, como mi habitación en este momento, mi vida está desordenada y sin poder decidir si llevo una maleta o una mochila en este  viaje.

Me doy permiso de vivir un sin sentido, me doy la libertad de no saber a donde voy, ni que camino seguir. Me permito sentirme perdida y sin saber como afrontar mi destino, el cual desconozco y a quien miro de reojo, como quien ve a alguien que le cae mal. Si, me caes mal destino, por pillarme desprevenida!. 

Pero solo será por un tiempo, cuando lo decida pondré fecha a todo esto y volveré a organizarlo todo. Ahora estoy cansada y creo que hasta enfadada.

Gracias destino por enseñarme a no creer en la planificación del tiempo. Gracias a la nada, por encargarse de abarcarlo todo sin preguntarle al destino si debia hacerlo y sin contar conmigo siquiera.

lunes, 6 de febrero de 2017

Yo, Princesa

Nací colandome sin previo aviso, un 16 de Octubre de 1974. Mi madre enamorada perdidamente de mi padre y siendo estos novios, hicieron lo que la naturaleza manda, se amaron con locura y desenfreno. Lo hicieron como solo los de menos de 20 pueden hacerlo, con el alma descubierta. Tenía que colarme! ante tanto amor no iba a ser yo quien desaprovechara esa oportunidad.

Mi padre decidió llamarme Princesa, porque justo cuando decidían mi nombre, aun estando embarazados, mi abuela Ana le llamó por teléfono y le preguntó: ¿Cómo está mi Princesa?. Antes de esa llamada mi padre y mi madre reunidos en la habitación, sacaban de una bolsa un papelito con el nombre de Princesa. En esa bolsa habian metido todos los nombres que querían ponerme. Y coincidió ese nombre con la llamada.

A pesar de llamarme Princesa, mi padre siempre soñó con tener un varón. Recuerdo que de pequeña, me llevaba a la peluquería y cuando llegaba a casa, mi madre le reclamaba que porque me habia cortado el pelo como un niño. En muchas ocasiones me regalaba carritos y siempre me llevaba con él a lavar el coche, o a acompañarle mientras hacía algo de mecánica.

A los 8 años le pedí que me regalara una pelota de voleibol y se apareció con un balón de fútbol. Os imaginais mi cara de decepción. Recuerdo que le reclame y me dijo: a caballo regalado no se le mira el colmillo. No podía jugar voleibol con ella, era demasiado dura para golpearla con el antebrazo, sin embargo me sirvió para aproximarme a un grupo de chicos que necesitaban un balon para jugar futbol. Así que yo se los prestaba y así me dí a conocer entre ellos.

Quizás por eso, tengo una parte masculina muy acentúada, no me importa ser una manitas en mi casa, siempre lo estoy arreglando todo, entre muchas otras cosas y siempre me he llevado mejor con los chicos que con las chicas. Así mis mejores amigos del cole y de la universidad, son hombres.
Pero a pesar de ello, siempre fui una niña muy coqueta, desde los tres años me gusta llevar los labios pintados, cuantas barras de labiales le estropee a mi madre y a mis abuelas. De adolescente me encantaba llevar las uñas arregladas y mi cabello siempre largo. Adoraba hacer deporte, siempre estaba metida en alguna actividad, era tan inquieta y curiosa como ahora. Siempre quería saber más, aprender más, descubrir todo lo que no veian mis ojos o no entendía mi cabeza.

Mi nombre siempre hizo que la gente me recordara con dulzura. Me miraban y no se que sensación les producía, pero casi siempre genere amor y sorpresa. He sido una persona con estrellas. También he trabajado mucho eso sí, he sacado mi carrera, a los 21 años ya tenía el título de abogado. Me siento orgullosa de eso. Siempre me defini como una mujer luchadora a la que le gustaba cumplir sus sueños y sobre todo aprender.

A los 26 años me armé yo sola un viaje que me cambio la vida, a esa edad decidí cambiar mi destino, mudandome de país y aceptando casarme con la persona que amaba. Él decidió unirse a mi aventura migratoria. Ahora miro hacia atras y me pregunto cuanto empuje tuve para iniciar ese avance: un cambio de país, con todo lo que ello conlleva.

Ahora a mis 41, inicio otro viaje, hacia el reencuentro conmigo misma, tratando de rescatar mi esencia, sanando a esa mujer que su padre quiso que fuera niño y que en algún momento llegó a pensar que ser mujer era símbolo de debilidad. Trato de hacer las paces con la mujer que soy, tratando de ver cuanto daño me ha hecho crecer esta sociedad patriarcal, sobre todo en una sociedad venezolana como la que yo crecí, donde tener belleza física primaba sobre cualquier cosa. 

Pero compartiendo en común con el resto de las sociedades del mundo, el que la mujer siempre estuvo al servicio del hombre, sobre todo dentro del hogar.

Quiero hacer las paces conmigo misma, quiero hacer las paces con mi femineidad, mostrarme débil cuando no me siento fuerte, llorar cuando me de la gana y dormir cuando la somnolencia me invade porque tengo la menstruación. 

Aceptar que durante el mes cambio como las mareas porque mi ritmo no es solar, es lunar. Lo hombres deben aprender a reconciliarse con su propia femineidad,  para poder entender los ritmos de la vida misma.

Hay trabajo por hacer aun, quitarme capas de luto, va a ser la única forma que mi corazón vuelva a amar. La persona que vaya a estar conmigo se merece a una mujer sin mochilas. Preparo el camino, sin desespero, lo que tenga que ser será.

Y entonces me atropellan.

Si creía que todo lo malo que me tenia que pasar me había ocurrido ya, estaba equivocada.

El 9 de enero, saliendo de mi trabajo y llegando a mi casa, justo cuando terminaba de cruzar un paso de peatones,  un coche me atropelló, dándome tal porrazo en las rodillas, que al caer casi termino bajo las ruedas del coche. El ordenador que llevaba en las manos, me lo clavé en el mentón, produciéndome una herida que sangraba sin parar.

La mujer que conducía el coche, al bajar y mirarme golpeada y con la cara ensangrentada, entró en pánico y empezó a decir cosas propias de la gente que no sabe controlar sus nervios: "en 30 años conduciendo, nunca me había pasado esto, y eso que mi móvil sonaba y yo no lo atendí. Mi padre también murió atropellado en un paso de peatones!". Las personas que estaban socorriendome, la apartaron de mi y trataron de calmarla.

Sentada en la acera no podía parar de llorar, me sentía muy asustada, pero sobre todo me preocupaba decírselo a mi hermana. Una noticia así, en este momento delicado por el que ambas estamos pasando, le causaría un impacto doloroso. Así que no sabía muy bien si irme al hospital sola y no avisar a nadie. Luego pensé que era mejor avisarle por si acaso me pasaba algo peor. Una ambulancia me llevó al hospital, estuve una semana de baja y dos semanas de rehabilitación. Nada roto, pero muchos golpes y un dolor en todo el cuerpo que llegaba a ser insoportable.

Ese día en la mañana, les había enviado al grupo familiar del whatsapp, el teléfono de mi trabajo por si pasaba algo y necesitaban localizarme. ¿Coincidencia?.

El atropello me dejó realmente frágil. Ya tenia el alma suficientemente rota como para ahora tener el cuerpo adolorido, me sentí vulnerable, desprotegida ante la vida y sola. Ya no quería seguir dando malas noticias a mis amigos, así que sentía hasta vergüenza.

Que días tan confusos. No se con que fuerzas durante los dos días siguientes me fui al hospital, al médico de familia, a la policía a poner la denuncia y demás trámites.

Todos me veían tan fuerte, que les costaba entender lo mal que me sentía. La doctora ni siquiera quería darme la baja laboral. Fue muy duro!. Al final, pedí cambio de médico y me toco una doctora que entendió perfectamente la dimensión de mis heridas internas y externas. Durante dos semanas me hizo el seguimiento, me tocó todo el cuerpo, revisó cada una de mis lesiones, incluso las del alma. Ayudó a curarme, me siento profundamente agradecida por eso.

Ya estoy trabajando nuevamente y me siento feliz por eso. Sobre todo porque ahora comienza realmente el desplegar todas las fuerzas para la superación del dolor.

domingo, 5 de febrero de 2017

Continuar caminando

Debía de haber escrito todos los días por lo menos para desahogarme, pero hacerlo me parecía un esfuerzo que mi cerebro no podía soportar, por el trabajo de introspección al que me someto cuando escribo.

Mi ánimo va mejorando, poco a poco, mi alma sigue acuchillada, con una herida de muerte, pero intenta sobrevivir porque de eso trata la vida, de vivirla con todas sus facetas,  aunque el suicidio nunca debería ser un episodio vivido por nadie.  Sin embargo a algunos nos toca, en mi caso ya dos veces, podría ser demasiado, pero también es demasiado estar en una guerra, perder a toda la familia, incluso el hogar y el entorno y hay muchas personas en el mundo que actualmente pasan por esta situación. Pues así me siento, como si fuera superviviente de una guerra.

Tratar de procesar este episodio es complicado, le he dado tantas vueltas para intentar entenderlo pero es difícil. Creo que lo único que se puede hacer es trabajar la aceptación, respetar la decisión, incluso de honrarla:" Sí mamá! honro tu decisión y la respeto, siempre fuiste una mujer valiente y decidida, tu muerte no iba a ser diferente, la has decidido tú y has actuado en consecuencia. Te amo, por sobre todas las circunstancias, siempre serás mi mamá, la mujer de mi vida".

A veces despierto y deseo que esto no hubiera pasado, en ocasiones me culpo por no haberlo hecho mejor, siento que no debí exigirle tanto, debí tener más paciencia, no debí enfadarme nunca, debí llevarla al médico la semana previa cuando le vi la cara hinchada porque estaba reteniendo líquido, debí tener mas cuidado, debí decirle que siempre la echaba de menos, que la necesitaba, que la quería de vuelta como era ella antes de enfermarse.

Pero ya no hay vuelta atrás, solo queda seguir, buscar la manera de sentir paz dentro de tantas turbulencias.

Hola mamá

Querida Mamá,  Hace 10 meses y 2 semanas que nació Laia. Quiero que sepas que tienes una nieta preciosa, tiene unos ojos grandotes de un col...