Definitivamente el tiempo ayuda a darle perspectiva a los acontecimientos de la vida. Los días pasan y me siento mas fuerte, en este momento estoy en la fase en la que siento que la muerte de mi madre se integra en mi. Es difícil de explicar, pero en estos días siento que ella pertenece a mi, independientemente de donde esté.
He escogido la estatua del ángel caído en El Retiro para escribir esto, sobre todo por que al final, todos somos ángeles que caemos en momentos determinados de nuestras vidas. El sol se pone por la carretera que está justo frente a mi y las vistas son hermosas, me llenan de fuerza entre tanto frío invernal.
Creo que al principio para poder salir de la tristeza y del trauma, me di permiso de sentirme mal, pero había un instinto en mi que me ha ayudado a seguir, a recomponer los pedacitos rotos de mi alma. Es cierto que hay que poner fuerza de voluntad para salir adelante, sin la voluntad de querer estar bien, estaría perdida.
Mantener mis rutinas inamovibles, dormir bien, trabajar, llorar cuando me apetecía y donde me pillara el dolor. Enfrentarme a la ventana y hablarle, sentir lo que ella hubiese podido sentir ese día, llorarlo, perdonarla, perdonarme, quererla como si no se hubiese ido, respetar su enfermedad y el proceso. Dejar ir y sentir que la vida solo es un lugar donde venimos a aprender. A mi me ha tocado vivir esto, entonces es mi deber de vida aprender de ello.
En esta etapa estoy, poco a poco. Ahora toca construir todo otra vez.
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