lunes, 6 de febrero de 2017

Y entonces me atropellan.

Si creía que todo lo malo que me tenia que pasar me había ocurrido ya, estaba equivocada.

El 9 de enero, saliendo de mi trabajo y llegando a mi casa, justo cuando terminaba de cruzar un paso de peatones,  un coche me atropelló, dándome tal porrazo en las rodillas, que al caer casi termino bajo las ruedas del coche. El ordenador que llevaba en las manos, me lo clavé en el mentón, produciéndome una herida que sangraba sin parar.

La mujer que conducía el coche, al bajar y mirarme golpeada y con la cara ensangrentada, entró en pánico y empezó a decir cosas propias de la gente que no sabe controlar sus nervios: "en 30 años conduciendo, nunca me había pasado esto, y eso que mi móvil sonaba y yo no lo atendí. Mi padre también murió atropellado en un paso de peatones!". Las personas que estaban socorriendome, la apartaron de mi y trataron de calmarla.

Sentada en la acera no podía parar de llorar, me sentía muy asustada, pero sobre todo me preocupaba decírselo a mi hermana. Una noticia así, en este momento delicado por el que ambas estamos pasando, le causaría un impacto doloroso. Así que no sabía muy bien si irme al hospital sola y no avisar a nadie. Luego pensé que era mejor avisarle por si acaso me pasaba algo peor. Una ambulancia me llevó al hospital, estuve una semana de baja y dos semanas de rehabilitación. Nada roto, pero muchos golpes y un dolor en todo el cuerpo que llegaba a ser insoportable.

Ese día en la mañana, les había enviado al grupo familiar del whatsapp, el teléfono de mi trabajo por si pasaba algo y necesitaban localizarme. ¿Coincidencia?.

El atropello me dejó realmente frágil. Ya tenia el alma suficientemente rota como para ahora tener el cuerpo adolorido, me sentí vulnerable, desprotegida ante la vida y sola. Ya no quería seguir dando malas noticias a mis amigos, así que sentía hasta vergüenza.

Que días tan confusos. No se con que fuerzas durante los dos días siguientes me fui al hospital, al médico de familia, a la policía a poner la denuncia y demás trámites.

Todos me veían tan fuerte, que les costaba entender lo mal que me sentía. La doctora ni siquiera quería darme la baja laboral. Fue muy duro!. Al final, pedí cambio de médico y me toco una doctora que entendió perfectamente la dimensión de mis heridas internas y externas. Durante dos semanas me hizo el seguimiento, me tocó todo el cuerpo, revisó cada una de mis lesiones, incluso las del alma. Ayudó a curarme, me siento profundamente agradecida por eso.

Ya estoy trabajando nuevamente y me siento feliz por eso. Sobre todo porque ahora comienza realmente el desplegar todas las fuerzas para la superación del dolor.

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