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Lobos

Arregle su agenda - me escribe - a las 16:00 horas te paso recogiendo, durante cuatro horas vas a ser para mí.

Cada vez que me escribía eso, mi corazón se aceleraba. No se como me las maniobraba para acelerar el ritmo de mi trabajo, ya de por sí frenético y estar en la puerta de mi trabajo, esperando a ser recogida por aquel Mercedez Benz con matrícula diplomática.

Puntual como siempre, aquel coche negro, me esperaba como lobo que acecha. Dentro, un Hombre que ha pasado los 45, de 1,85 de altura, con un acento portugués que me descoloca, perfumado con Issay Miyaki y música de Maria Bethania: Negue. Lo tiene todo perfectamente calculado y eso me descoloca aun más. Cada detalle marca como es él. Me tiene seducida, pero debo disimular. A los hombres no les gusta lo fácil.

Empiezo a sentir que me humedezco. Me mira y me pregunta que tal el día. Trato de calmar mi mente y poner en orden mis palabras para que puedan fluir sin tropezarse. En ese momento pienso que solo quiere ser cordial, pero lleva tiempo demostrandome que realmente le intereso. Sin embargo, sé que me cuida solo porque soy su fuente de infinito placer y él la mia.

Nuestros momentos tienen tiempo de caducidad, lo sé y se lo digo. Se enfada cada vez que se lo menciono. No le gusta recordar que su misión acabara pronto y debe regresar a su país. Hay una frase que suele repetirme en estas ocasiones:

''SIEMPRE NOS QUEDARA PARIS''

Le gusta pensar que nuestro amor imposible es muy parecido al vivido entre los protagonistas de la película Casablanca. Este hombre es romántico y elegante, pero a la vez es capaz de transformarse en un lobo hambriento, incansable e insaciable.

El paseo se hace largo, sé lo que me espera. Van a ser cuatro horas de sexo experimentando todas las formas posibles de placer. Me siento muy mujer a su lado, me hace sentir así. Le gusta hacerme sentir Diosa. Es muy inteligente, sabe que mientras mejor me sienta, mas placer voy a estar dispuesta a darle. Me gustan los hombres que conocen a las mujeres y este es uno de ellos.

El no es mio, pero durante ese tiempo lo será. Yo no soy suya, pero se...lo sé...lo siento...le pertenezco.

Abre la puerta de la habitación, me pega contra la pared: estamos colados, me dice en portugués (mi palabra favorita). Me besa con pasión extrema, se quita la americana y los zapatos, no pienso solo siento, por algun extraño motivo se ha abierto la puerta del armario y estamos dentro, a oscuras, siento sus manos por todas partes, apretandome, sintiendome con desespero.

Me besa, me muerde, me aprieta, me deja sin respiración. Se frota contra mi, siento su ereccion pindiendo salir fuera de su pantalón. Me arrodillo ante él, la libero.

Me levanta, no quiere su placer, quiere el mio. Se excita viendome disfrutar con todo lo que me hace. Me carga en brazos y me coloca sobre la mesa de la habitación. Se arrodilla frente a mi, me separa las piernas y siento su boca devorandome. Es un lobo y yo su presa. Le inundo. Mi corrida le chorrea hasta el pecho. Pero él no se conforma, quiere más. Me pide cuatro orgasmos, ante semejante hombre como no los he de sentir.

La pasión se desborda. Somos él y yo, metidos en una habitación dejando rienda suelta a todas sus fantasías. Soy suya. Después de este hombre soy otra mujer. Nunca igual, me hizo Diosa. Cada rincón de mi piel tiene su marca.

Terminamos, han pasado exactamente cuatro horas. Me brillan los ojos, a él también le brillan. Nos vestimos y vamos a cenar. Le encanta cenar despues de tener sexo conmigo. Dice que irradiamos magia y que la gente lo percibe sin saber exactamente por que. Me toma de la mano. Me besa con dulzura, ya no es un lobo, es un cachorro.

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