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Momento de egoísmo propio

¿Será diferente, esta vez lo será?, pues No, nada de diferente!. Esto parece mas bien una constante desde hace unos años para acá, cada vez que empiezo a 'sentir' algo por alguien: siento una especie de vértigo brutal que creo que va a acabar con mi estómago delicado.

Aunque la sensación sea pequeña, el miedo es grande. Y sinceramente, no puedo con ninguna de las dos: ni con la sensación de sentir por otra persona, ni con el miedo que me produce eso, asi que anulo ambas y sigo con mi vida. No sufro por esto, mas bien me equilibra hacer desaparecer esas dos emociones de mi vida.

No tengo paciencia para quedarme esperando que él otro quiera hacer algo junto a mi, entender sus ritmos y aceptar sus elecciones. Tampoco puedo evitar que eso me moleste, quizás el enfado  venga de no saber gestionar lo que siento. Y yo siempre siento que quiero disfrutar, pasarmelo bien, llenar mi vida de colores y compartirlo.

Y es ahí en el compartir donde debo aprender a ser egoísta. No se puede compartir lo que no desea ser recibido. Entonces, debo aprender a hacerlo por mí y para mí. Al final la vida te obliga a ser egoísta, quizás hay que empezar a entender que no tiene nada malo serlo. Y que más que egoísmo, es amor propio.

Buen concepto este de amor propio. Creo que en estos dos años que llevo sin pareja, he aprendido a conocer a la persona que realmente soy y a no verme como una proyección del otro, o al revés, y casi siempre ha sido así: el otro termina conviertiendose en mi mismo, desdibujando la esencia de la persona de la que me enamoré. Me gusta vivir esto, me gusta vivir conmigo misma, me gusta decidir lo que quiero hacer si que ello implique tomar una decisión conjunta, me gusta dirigirme a donde quiero estar. Me gusta la libertad de elegir mi camino. Me gustó yo!. Aunque suene narcisista, me da igual, me gusto yo, lo que soy y como soy, que bastante esfuerzo pongo para mejorarme cada día y aprender a ser mejor persona.

Entonces, no puedo querer a otra persona cuando estoy empezando a amarme a mi misma, es como si me fuera infiel y me dan celos. Si es que al final voy a ser una celosa, por compartirme con otro cuando he elegido ser para mi.

Fin del momento egoísta.




Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Buenas tardes, mujer egoísta.
Tomando el hilo de tu lógica reciente, hoy te propongo algunas cuestiones que afloran desde el sedimento narcisista que tú afirmas. Tomo tu palabra estrictamente, no te adjudico adjetivos que no pertenezcan a tu vocabulario desvelado. No quiero que te sientas juzgada: pregunto para conocerte, no para acuñar un veredicto sobre tu conciencia.
Eres valiente en tu palabra. No merodeas en la justificación ni la comodidad verbal. Por eso te correspondo con rigurosidad. Espero que comprendas que hay en mí un aprecio sustancial que no se desvanece.
Quiero plantearte un aspecto negativo del egoísmo que declaras: el aislamiento. No me refiero al aislamiento de los demás, sino al aislamiento de tu propia conciencia, en cuya intimidad permanecen recónditos el dolor, la inquietud, el temor, la confusión. Incluirse en un entramado de relaciones egoístas define la negación a interactuar con el propósito de resolver ciertos conflictos interiores. Desde esta perspectiva, el egoísmo te distrae de tu verdad.
Conectado con ello, quiero preguntarte también si el sexo no es, en el fondo, una afirmación de ese aislamiento de tu innegable interioridad aflictiva. El hedonismo es, para mí, un aplazamiento del sufrimiento. Sólo subsiste con la constancia del placer. No propone una liberación de la necesidad persistente de obtener placer. Si esa persistencia se quiebra, el sufrimiento resurge sin remedio.
Me gustaría que confrontaras esto conmigo. Me congratula poder exponer mi pensamiento, pero mis deficiencias o errores hacia ti sólo son perceptibles si me ofreces tu contraste, sincero y detallado.
Finalmente, y tomando de nuevo tu palabra, quiero saber si de algún modo te afecta lo que te escribo, en el sentido de que quizá no desees recibir de mí lo que te ofrezco habitualmente.
Gassho
Erosrapsodia ha dicho que…
Estimado Bodhisattva,

Mi egoísmo nace como consecuencia de un celo hacia mi persona libre. No es un aplazamiento del sufrimiento, ya que pienso más bien que cuando este aparece debo vivirlo para que se me salga del alma.

El hedonismo vivido a través del sexo, no aplaza el sufrimiento, ya que cuando el alma duele, duele de igual manera con o sin él.

Mi egoísmo es una protección de mi individualidad y el respeto a la individualidad del otro. En la medida que interactue con el otro, sin poner en sus hombros mi felicidad o mis expectativas de vida, lo hare libre desde mi egoísmo. Es importante para mi, que si algun dia alguien llegase a amarme, me amara de esa manera, ya que permitirá el desarrollo de mi individualidad a través de la suya propia.

El ser egoístas con nosotros mismo es liberarse de los apegos, lo que no conlleva ningún tipo de aislamiento. Hablo desde el sentido del equilibrio.

Gracias mi estimado, por tu opinión, siempre me haces reflexionar, a veces hasta me tomo días enteros para meditar tu intervenciones en mi blog y generar una respuesta certera.

Un abrazo
Anónimo ha dicho que…
Buenas tardes, Princesa.
El adjetivo con el que concluyes tu generosa respuesta me provoca una doble lectura: no demando ni espero en modo alguno respuestas certeras. No tienes que acertar, sino ser cierta. No valoro tu acierto, sino tu certidumbre.
Dicho esto, que no es redundancia coloquial sino discernimiento leve, tu respuesta de hoy me permite iluminar aspectos de ti que me conmueven y que me atraen igualmente. Me permite asimismo afianzar mi percepción de ti como ser nutricio: alimentas mi entendimiento de la feminidad, sustentas mi emoción vinculante con el vibrante y fluido hemisferio psíquico en el que tantos varones acaban siendo náufragos.
No desestimo la profundidad de tus respuestas: hoy he aprendido algo de ti, excepcionalmente intenso. Existe para nosotros una percepción sustancial de la validez existencial de un egoísmo sano. Somos saludablemente egoístas cuando velamos por el propio bienestar merecido, por la integridad de la conciencia en su lucidez pensante, por la protección de nuestra dignidad -en la individualidad que mencionas, apropiadamente-, por la independencia que no rechaza vincularse con quienes generan concordia y que aguarda el hallazgo de empatías certeras.
También existe un hedonismo sano, desde luego. Es aquel que integra el placer en el conocimiento. Es un empeño dificílisimo, aunque no creo que lo sea tanto para vosotras, sinceramente. En su aspecto negativo, el hedonismo sin conciencia -mecánico, obsesivo, aturdidor- es una burbuja: puro aislamiento del dolor, que sobreviene amplificado cuando la obtención del placer necesitado es inviable.
Te devuelvo con agrado aquello que recibo con respeto.
Gassho

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