Tal vez nadie entiende porque al mirarme tengo esa sonrisa de satisfacción en la cara, que solo es producida por la libertad de elección.
Hay lugares en los que no debemos estar, sobre todo en aquellos donde nuestra presencia no es valorada. No hay nadie que pueda pagar el precio de sentirnos bien.
A mis casi 41 años, cada vez me doy cuenta mas de prisa, lo que quiero y lo que no. Y lo que estoy dispuesta a vivir porque merece la pena y lo que no me va a llevar a ningún lado, haga lo que haga.
No podemos permitir que nada ni nadie nos robe nuestro brillo. Hay un lugar perfecto para nosotros en este mundo. Solo debemos dar con él y con las personas adecuadas, que nos acompañaran en nuestro camino.
Las risas nunca deben abandonarnos, pase lo que pase, el humor es fundamental. Nos ayuda a darle perspectiva y buen ánimo a los caminos empedrados. Este año ha sido difícil, pero mi sonrisa y mi seguridad en lo que valgo permanecen siempre en mi.
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