Y aquí voy, con mi cara de dormida y mi vida despierta, hoy me lleva la delantera.
Por fin se acerca el buen tiempo, aunque para muchos, entre ellos yo, parece ser lo de menos.
Si esta etapa tuviera un nombre, la denominaría: Inconformidad absoluta. Tomar riesgos, saltar, tener miedo, caer, despertar con la incertidumbre de no saber, si al final todo saldrá bien.
Siento ese gusanillo en la boca del estómago, me genera intranquilidad. Quiero tener una zona de confort, pero una que me guste de verdad, no la que me toque. Una que me apasione y por la que quiera dar la vida entera, o parte de ella, pero pasión al final.
¿Se puede concebir la vida sin pasión?. Sin ella muero!.
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