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Tempus interruptus

A veces los días deparan sorpresas llenas de intenciones buenas y deciden alegrarte la vida para decirte, que en ocasiones hay que hacer un stop y respirar, para no perder el foco en lo esencial. Asi termino la tarde sentada frente al mar, en un pueblo de la costa dorada, donde en lugar de hablar español hablan ruso.

Tenía tantas ganas de ver el mar!. Hace mas de un año que no le veo, aun no hace tanto calor y la verdad que me estoy quedando un poquito helada, pero este momento no tiene precio y vale la pena aguantar para observar las olas en su ir y venir.

La vida es así, como las olas del mar.  Los ciclos, tal como las olas, vienen para enseñarme los procesos y las etapas por las que debo transitar. A veces arriba, otras abajo, unas tan suaves que me permiten disfrutar del momento y otras rompedoras y tan fuertes que me dejan echa polvo en la orilla. La vida es una Ola!, a ver si aprendo a surfear.  

Busco desintoxicarme, reequilibrarme, reencontrarme. Hacer balance de todo un año, durante el cual he luchado como una campeona para lograr sacar a mi madre adelante con su enfermedad, además de continuar asentando mi lugar en este mundo.

Estos días serán para reconectarme y asimilar todo ese cúmulo de experiencias vividas, las buenas y las malas. Gracias a la fortuna, cuento con personas a mi alrededor que me quieren y que son capaces de decirme: Para Chica, que estoy aquí para sostenerte mientras te lo piensas!.

Quizás el regalo mas bonito que la vida me ha dado han sido mis amig@s, personas que cada día me alimentan y me dicen abiertamente si ven que algo no hago bien. Me apoyan y me reconducen con amor y paciencia. Y pensar que fueron relaciones laborales las que en principio nos unieron y que gracias al respeto, transcencieron a la vida misma, conviertiendose en lazos de afecto, sin los que hoy en día no me imagino vivir.

Tiempo de mar, de olas que vienen y van.

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