Uno de los valores que siempre me ha gustado tener en mi vida es Compartir. Me encanta compartir mis vivencias con personas que quieran escucharlas, me gusta preparar comida y compartirla con amig@s o conocidos. Mi ropa intercambiarla con mis amigas, o regalarles aquel labial rosa que pense que me quedaba bien y luego no me gusto. Con mis parejas siempre pense que esto del compartir era un pilar fundamental para construir una relación, así que me gustaba comentarselo todo: mis proyectos, mis miedos, mis alegrías. Compartía con ellos todo lo que me pasaba por la mente.
Hasta que llegó Luciano, llamemosle: ''El Narcisista'' y me dió otra perspectiva: "No me puedes obligar a compartir contigo aquello que no quiero compartir". Entonces aprendí, que quizás tenía totalmente la razón y que tenía que aprender a respetar sus espacios, sin invadirlos y sin forzar aquello que no le apetecía hacer junto a mi.
La lección llego a mi como un balde de agua fría: ¿Cómo alguien que me quiere no quiere hacer cosas conmigo?, pues sí hay personas así, me costó creerlo y asimilarlo. Por lo que tuve que reorganizar mis valores y redactar una excepción a la regla: ''Solo se puede compartir aquello que apetece ser recibido''.
Buena lección de vida esa!
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