Cuatro meses han pasado desde que deje de trabajar, este tiempo ha sido divertido, he apartado de mi los miedos y me he lanzado a descubrir mundo, pero sobre todo busco una ciudad que me permita vivir de una forma mas amable.
Barcelona, París, Oporto, Pontevedra, Berlín, Madrid, Barcelona y otra vez Berlín. Algunos destinos los he repetido para ver si realmente la primera impresión era verdadera. Al final siempre termino en Madrid, creo que por que ya soy algo Madrileña.
Escribo desde Berlín, sentada mientras espero el vuelo de vuelta a España. Aburridisima estoy.
En este viaje un amigo me ha acompañado, buena persona y sumamente tranquilo. Puede estar horas sentado a mi lado sin pronunciar ni una palabra. No se separa de mi ni un instante. Depende de mi para tomar todas las decisiones incluso para decidir que desea comer. Pobre, al tercer día me agobie, me enfade y se lo escupi todo tal cual se me paso por la cabeza. Su respuesta fue sencilla: No tienes razón y no pienso discutir contigo. Con lo sano que es discutir digo yo!. Me calme.
Y reflexiono seriamente sobre este asunto, porque creo que realmente no puedo estar todo el tiempo pegada a ninguna persona. Es ahí donde digo que necesito espacios de libertad en determinados momentos: ir de compras sola, hablar con extraños sobre cualquier tonteria, meterme a comer cosas que me gusten sin importarme si te gustan o no las especies o el olor a curry.
Tampoco me gusta llevar la voz de mando todo el tiempo. Me gusta que el otro aporte, diga u opine y no simplemente que se deje llevar por todo lo que quiero hacer. Porque para eso prefiero hacerlo todo yo sola. A mi me gusta alimentarme de lo que el otro quiere o desea con ilusión. Así es como crezco y aprendo. Si solo doy yo ¿Cómo voy a crecer?.
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