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El calentón de la primera cita


Hablemos claro, si en una primera cita la persona te gusta, por supuesto que después de unos buenos besos lo que te apetece es follartela. Bendita doble moral, en la que hay que medirse para no parecer una mujer fácil y para que no parezcas un tio salido. Mantener una compostura, bajo cierta tensión sexual, parece que nos hace 'personas mas decentes'.

¿Y qué decir de que tengo que sentir algo?,  pues si me gustas a morir, por eso te he besado y ya siento algo¡ ¿no?. Ahora, la cuestión es no equivocarse en el beso. A veces intentan besarte y aunque no has dado pie, el chico se entusiasma y se lanza. ¿por qué no probar ese beso? prefiero saber si realmente me seguirá gustando despues de que me bese.

Además, siempre he pensado que la primera vez con un chico, siempre es la mejor, porque casi siempre pasa que el ego masculino en su afán de competitividad, va a querer darte el mejor sexo, entonces ¿por que negarse a disfrutar de él?.

Teniendo en cuenta que si esa persona va a pensar luego que soy una zorra por haberme acostado con él en la primera cita, pues entonces ya el sexo en si mismo en un filtro de descarte. En cambio, si ha sido tan bueno para luego querer repetir una, dos o tres veces más, entonces habré ganado, porque ¿y si sucede que despues de salir unas 5 veces tenemos sexo a la 6º y resulta que todo es un desastre, porque no somos compatibles?. Mantener a una persona ahí detras de mi, alargando en el tiempo algo que en mi plena libertad puedo decidir hacer por que sencillamente me da la gana, no vale la pena. Ahorramos tiempo él y yo. Pero claro, para esto hay que saber aplicar la regla del Carpediem y no estar buscando princesas, ni principes azules. Por eso siempre digo que besar ranas es infinitamente mas divertido. Lo cual no signifique que me acueste con todo el mundo, si no que lo hago si tú me gustas (y que alguien me guste, me cuesta demasiado).

El mundo sería un mejor lugar si dejaramos de vivir en una sociedad llena de doble moral: diciendo que NO cuando es un Si y viceversa. Hombres que critican a otros hombres porque son unos zorros, mujeres que critican a otras mujeres porque son unas zorras, mujeres que critican a hombres porque son unos perros, hombres que critican a mujeres por ser perras y ahí se detiene el argot animalario. Cuando deberiamos mas bien aprender de los animales quienes disfrutan del sexo de una forma libre, sin barreras eticas, religiosas o sociales.

Otra cosa es el amor, la fidelidad comprometida y las relaciones que se establecen como cerradas, donde la fidelidad sexual se equipara al respeto y al compromiso de una relación, lo cual tambien es válido. No es mi misión ahora establecer cual es el mejor estado. Cada uno debe decidir en que lugar estar y sobre todo debe hablarlo de forma clara con la persona (cuando se tiene), si se desea o no exclusividad y respetando en todo momento lo que el otro tambien quiere.

Por cierto, yo si que me he arrepentido de no haber cedido al impulso de ese calentón.  Llegar a mi casa en estado de cachondez y acostarme a dormir revuelta de hormonas sexuales, porque quise portarme bien. Que tontería la verdad¡¡¡

Carpe diem¡


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Buenas tardes, mujer fogosa.
Hoy exhibes un discurso temperamental y agitado. Quiero dejar claro, primeramente, que comparto el fondo del asunto que planteas. Ahora bien, dejando a un lado los motivos puntuales que te hayan impulsado a redactar las palabras precedentes, el cotidiano seguimiento de tu escritura devela, para mí, que aún careces de un centro de gravedad emocional. Que quieras arraigarte en él es un asunto de la conciencia que requiere un nivel de introspección severa. Que desees, por contra, prevalecer como alguien que aprecia vivir prescindiendo de ese eje transcendental constituye, y no es baladí, el fundamento de tu ética personal.
Si no parecieren mis palabras muy atinadas, en principio, en relación al asunto que planteas, te ofrezco el siguiente esclarecimiento: no me interesa la narración del sexo, sino la narración del deseo. De modo más rotundo y terminante: no me interesa la narración de tu vida sexual, sino la narración de tu vida deseante.
Desear sexo es desear: no desdeñes esto como una futilidad, por favor. Es pura perspectiva elemental del entendimiento del deseo en la conciencia y en las relaciones. Sólo pretendo que focalices tu atención cognitiva en la raíz de tu deseo, no en las ramificaciones de tus actos.
Quiero que comprendas que te hablo, muy seria y serenamente ahora, como boddhisattva. El consenso en los deseos es, entre dos personas, éticamente aceptable si genera... felicidad compartida. Y es éticamente inaceptable si genera sufrimiento en alguno de los dos sujetos implicados, o en ambos. Es una síntesis amable de la ética sustancial de los budas.
No hay censura sexual en el discernimiento de un boddhisattva. Sólo hay un examen perseverante y profundo del deseo, sus fluctuaciones y sus ocasiones, sus causas y sus consecuencias. La ruidosa y tosca periferia mental que determina la generación de prejuicios nocivos y opiniones erróneas -tal y como queda patente en las metáforas recurrentes de la zorrería y la perrería tan abundantes y fáciles de enunciar- es la prueba de una deficiencia cultural perceptible en esa falta de respeto hacia el deseo ajeno, aun cuando ese mismo deseo no sea estrictamente perjudicial para quien lo censura. Se trata, en el fondo, que otro desee aquello que yo mismo me resisto a desear, o evito desear.
En fin, Princesa, no quiero agobiarte con más palabras ni amedrentarte con mi seriedad. Pretendo, con la generosidad que te debo, ofrecerte mi modesto conocimiento de la mente y el deseo.
Esto da para mucho más, ya tendremos ocasión de explorarlo.
Tu estimado boddhisattva.
Anónimo ha dicho que…
Fe de erratas, Princesa:
Se trata, en el fondo, de negar a otro que desee aquello que yo mismo me resisto a desear, o evito desear.
La censura es, fundamentalmente, la negación de lo deseable.
Discúlpame.
Sindri ha dicho que…
Que malo hay en dejarse llevar.
Yo siempre pensaba lo mismo, que hay que ser muy educado, ni plantearse eso, de dejarse caer en la misma cama en la primera cita.
Hasta que me pasó y me dejé llevar. Los dos pasábamos de bar en bar como querer alargar lo inevitable y cuando por fin nos fuimos juntos a un hotelito pasábamos una noche inolvidable.
Lo próxima vez, es mejor no pensar en esos supuestos tabús que intenta ponernos la sociedad.
Hay que disfrutar de cada momento, porqué igual no vuelve.

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